Donald Trump es un claro ejemplo de cómo el liderazgo mal entendido puede conducir al fracaso. Desconozco su faceta como líder empresarial. Me voy a limitar a la que muestra como líder político.

Un líder debe ser capaz de generar 3 elementos: Visión, Ilusión, Ejecución. En cuanto a la Visión: parece que la tiene, quiere hacer América Grande (como si no lo hubiera sido antes), a través de una revisión de la inmigración, un “sálvese quien pueda” en lo social, ultranacionalismo en lo económico, y autarquía en lo político.

Asumiendo que esto sea una Visión, falla estrepitosamente en los otros dos aspectos: la Ilusión y la Ejecución.

En cuanto a la Ilusión: Trump carece espectacularmente de la capacidad de enamorar a los ciudadanos. Cada vez que abre la boca enfrenta a unos con otros, o menosprecia a los unos y a los otros. El frentismo es lo contrario a la construcción de un proyecto de país.

En cuanto a la Ejecución: no sabe articular los mecanismos para conseguir sus propósitos. Los miembros de su equipo dimiten o directamente los expulsa. Con el Congreso, desconoce el sutil arte de la dialéctica y del pacto. El enfrentamiento directo, el choque de trenes es su única vía. Y, ya se sabe, cuando chocan dos trenes lo único que se puede hacer es recoger los restos.

No sabe generar Ilusión ni Ejecución porque pretende gobernar el país como si fuera una empresa.

Aunque tienen algunas similitudes, son esencialmente diferentes. Las principales diferencias son 3:

Primero: No se puede despedir a los ciudadanos. En una empresa puedes desprenderte de los disidentes del proyecto común, pero en un país democrático no. Tienes que convencerles y negociar, porque no hay enemigos, hay oposición, que también quieren lo mejor para el país pero con políticas diferentes.

Segundo: No se puede imponer una visión única a los ciudadanos. En la empresa debe haber una única visión que guíe las acciones de todos los empleados. Pero en un país no puedes crear división marginando a los que piensan diferente porque crearás una fractura social.

Tercero: No se puede jugar frívolamente con el riesgo-país. Si la empresa tiene una crisis de reputación, lo que se arriesga es el dinero privado de los accionistas y tiene un efecto limitado a estos y a sus trabajadores. En política tiene efectos generalizados y masivos, y lo que se arriesga es el futuro del país.

No imites el estilo de liderazgo de Trump. Solo conseguirás restar, nunca sumar.