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Contratos para el cambio

Contratos para el cambio

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La RAE lo define como: pacto o convenio, oral o escrito, entre partes que obligan sobre materia o cosa determinada, y a cuyo cumplimiento pueden ser compelidas. La definición es clara. En la dinámica empresarial también parece estar clara, en los que tratan de establecer los aspectos de los vínculos laborales, comerciales, etc.

La confusión llega cuando no se utilizan para clarificar las relaciones, para delimitar el marco de referencia y actuación en nuestro día a día, en este caso en lo laboral.

Habitualmente, en las organizaciones donde realizo mi trabajo de consultoría, cuando pregunto a un directivo qué contrato tiene, me dice: cumplir con los objetivos. ¿Lo tienes por escrito?, ¿tienes por escrito de qué recursos dispones? La respuesta es: eso ya se sabe, viene implícito con el cargo.

El directivo está atrapado en la indefinición, cree que sabe lo que se espera de él, algo que está en su imaginación. Y eso mismo se traspasa a las capas jerárquicas inferiores, como una cascada.

La ausencia de contrato hace que la agenda encubierta emerja, y que las personas adopten roles del triángulo dramático (Stephen Karpman, 1972), abriendo camino al chantaje emocional y a los juegos.

La función del contrato es anticiparse a esto, por medio de la negociación de objetivos claros.

El contrato para el cambio en la organización debe ser renegociado tantas veces como sea necesario para mantener el equilibrio emocional y la línea hacia la meta consensuada. Entre el qué (el encargo de la dirección general) y el cómo (el desarrollo del directivo o del equipo).

En el proceso de confección ambos construirán una imagen mental del resultado que desean de su trabajo. Con un objetivo claro. Estableciendo el objetivo claro y compartido, se permite evaluar los progresos que se están realizando, y contextualizar la meta, saber a dónde voy. El contrato es un compromiso mutuo entre dos o más personas, que transitan de la implicación al compromiso.

El contrato para el cambio en la organización es necesario para que cada persona, departamento, equipo, adquiera su libertad individual y colectiva. Es un espacio en donde se puede hablar de todo y donde todo cabe. La libertad se adquiere cuando el consenso llega y el respeto en el contrato se mantiene.

El reinventarlo adecuadamente a la velocidad de la organización, del entorno, de la abundante capacidad de las personas que pertenecen a la organización, permite liberarse de normas estrictas, ceñidas a una realidad anterior. El contrato para el cambio en la organización se basa en el ser, y fomenta la propia autoestima personal y de la organización.

Jordi Sabater Nuri

Consultor organizacional