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¿Somos un país chapucero?

¿Somos un país chapucero?

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¿Has hablado alguna vez sobre la imagen profesional de España con personas de otros países de la Unión Europea? ¿Te ha sorprendido lo que te han trasladado? ¿Fueron valoraciones mayoritariamente positivas o negativas?

 

 

Hace un tiempo conocí por motivos profesionales a una persona de edad madura que vive la mitad del año en un país centroeuropeo y la otra mitad en España. Encargó un mueble para su piso de aquí. Le gustan los espacios diáfanos y la sensación de amplitud, por lo que tiene predilección por el color blanco. El día que vinieron a traerle y montarle el mueble blanco que pidió, observó con incredulidad que era de color beige. Le dijo al operario que él no había pedido ese color, a lo que aquel respondió, tras echar un vistazo a las paredes y demás complementos, que el beige conjuntaba muy bien con ese piso. El operario insistió en continuar montando el mueble beige, a lo que mi colega se negó. Y, para su sorpresa, el operario se molestó y se marchó de malas maneras, haciendo comentarios sarcásticos sobre el empecinamiento de mi amigo en que el mueble fuera blanco.

Me dijo como final de su historia: ‘Trabajar mal es una falta de respeto hacia el cliente, y lamentablemente este ejemplo no es el único de características similares que he vivido en este país; siento decirte que os merecéis lo que os ocurre’.

Se refería, por supuesto, a las dificultades que España ha tenido que afrontar en la reciente y brutal crisis económica, y cuyos efectos nos seguirán azotando todavía unos años más.

¿Por qué trabajamos mal? Por supuesto que hay excepciones. Y todos pasamos por proyectos y épocas fluctuantes en motivación que pueden explicar algún caso de chapuza, pero os aseguro que he visto trabajadores motivados que actúan chapuceramente. Trabajar mal es una actitud.

En términos generales coincido con mi colega en que la chapuza en España es sistémica y cultural. Apuesto a que pensarás que tal afirmación es incorrecta o bien que es correcta pero que tú eres una excepción. Te felicito si efectivamente así es. Pero, por si acaso, obsérvate un tiempo ya que es difícil sustraerse de aspectos culturales, los cuales operan de forma automática sin darnos cuenta.

La chapuza abarca un amplio espectro de casuísticas, desde las más evidentes a las más sutiles y que pueden pasarnos desapercibidas. Ejemplos de estas últimas: distribuir un documento con errores ortográficos o gramaticales, presentaciones mal argumentadas, plazos o compromisos incumplidos, reuniones no preparadas, etc.

La chapuza no obedece a motivos sino a EXCUSAS. Algunas de las más frecuentes son:

– ‘PARA LO QUE ME PAGAN…’: Si utilizas ese argumento o has oído utilizarlo, no te lo creas. Mucho me temo que aunque nos pagaran el doble trabajaríamos igual de bien o mal; porque hacer las cosas bien es una cuestión de actitud, no de sueldo. Por supuesto que es difícil trabajar a gusto cuando uno se considera mal pagado. Pero decidir trabajar deficientemente tiene una connotación de falta de pudor que dudo que obedezca a elementos coyunturales. Simplemente, no nos da la gana hacerlo bien.
– ‘NO ME PAGAN PARA PENSAR’: Curiosa esta frase; cuando se han recibido instrucciones del jefe en ese sentido, el mediocre es el jefe mismo; pero cuando la dices por iniciativa propia, estás renunciando al principal valor que tienes como profesional y como persona, tu aportación, que es uno de los pilares de la autoestima. Nadie renuncia a su autoestima. En consecuencia se trata de una mera excusa. De nuevo, lo que ocurre es que no nos da la gana.
– ‘ESTE CLIENTE ES MUY EXIGENTE’: Sí, por supuesto. Es una cualidad del cliente, bienvenido al mundo real. Probablemente el montador del mueble de mi amigo pensaba así. Otra excusa más para auto-exculparnos.

Las causas reales de por qué no nos da la gana hacer las cosas bien debemos explorarlas dentro de nosotros. Si llegamos a la conclusión de que en nuestro caso individual son razones culturales –es decir, que llevamos la falta de esmero en el ADN–, enviemos a tomar viento nuestra cultura y cambiemos. Cambiar es posible, tan solo requiere creer en ello y ponernos en acción! Si por el contrario consideramos que en nuestro caso particular no se trata de factores culturales, quizá tus ‘VERDADERAS RAZONES’ se encuentren entre las siguientes:

– ‘EXIGE UN ESFUERZO QUE NO ESTOY DISPUESTO A HACER’: efectivamente, trabajar bien exige esfuerzo; y estudiar exige esfuerzo, y educar a nuestros hijos exige esfuerzo, y nuestros clientes exigen esfuerzo. Así que, si piensas así, no saldremos nunca de la mediocridad. Piensa cómo te gustaría que te entregasen un trabajo que has contratado –no, no sigas leyendo, piénsalo primero y una vez lo hayas hecho continúa con la lectura–. Te acabas de poner en la piel del cliente o de tu jefe. Eso es precisamente lo que tu cliente o tu jefe quieren: lo mismo que quieres tú.
– ‘ESTOY DESMOTIVADO’: comprendo bien este sentimiento; yo he sido mediocre en etapas de desmotivación. Se puede estar desmotivado algo de tiempo; pero no se puede estar desmotivado todo el tiempo. Busca tu salida, no te acostumbres a tu desmotivación, no te conformes con tu estercolero. Lucha por ello hasta que llegue un día en que suene el despertador y te sientas con la energía suficiente para abordar ese nuevo día.
– ‘NO SÉ HACERLO MEJOR’: eres muy honesto si lo reconoces. Quizá padeces el Principio de Peter, quizá has ascendido hasta tu nivel de incompetencia. O quizá no te has formado bien para realizar tu trabajo. Te sugiero que lo hables con tu empresa. Pero con humildad. Recuerda que tú y solo tú eres el primer responsable de tu propia formación como profesional.

Te deseo lo mejor.

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Daniel Sánchez Reina
Socio-Director en E2 Eficiencia Empresarial