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¿ Líder no hay más que uno ?

Liderar equipos no está al alcance de todo el mundo. Hoy día es importante sobre todo motivar a las personas, comprometerlas y alinear sus proyectos profesionales y vitales con los de la propia empresa.

Líder no hay más que uno?

Decir hoy que el capital humano es el activo más importante de cualquier organización es, prácticamente, una obviedad. Estamos en plena guerra del talento y las empresas saben que, si quieren ser sostenibles a medio y largo plazo, tienen que poner a las personas en el centro de cualquier decisión empresarial. Pero, ¿recuerdas cómo funcionaban las cosas hace unos años? Si echas cuentas, verás que no ha pasado tanto tiempo de esa época en la que el ordeno y mando era la filosofía estrella que respiraban muchas compañías de este país, cuyos fines –los resultados– justificaban los medios, es decir, la forma de tratar a los empleados. “Porque sí”, “porque lo digo yo” o “son lentejas, si quieres las tomas y si no las dejas” son algunas de las frases que cada día pronunciaban los jefes de entonces y que reflejan a la perfección la relación de autoridad que mantenían con sus subordinados. Por suerte, las cosas han cambiado mucho en muy poco tiempo y hoy podemos afirmar que la mayoría de directivos se ha dado cuenta de que los trabajadores son, ante todo, personas.

Este cambio de mentalidad tan básico, asumido e interiorizado por la mayoría de las grandes organizaciones y buena parte de las pymes españolas, ha dibujado –casi sin darnos cuenta– un nuevo paradigma profesional, en el que las relaciones laborales entre los líderes y los trabajadores de base adquieren un gran protagonismo. Tanto es así que, en este momento, muchas empresas gritan a los cuatros vientos que la felicidad de sus empleados es tan importante o más que la de sus clientes. La idea puede sonar novedosa, pero no lo es: ya en la década de los 70 del siglo pasado un empresario estadounidense llamado Herb Kelleher explicaba a todos aquellos que querían escucharle que “una compañía no decide cómo tratar a los clientes, sólo puede decidir cómo tratar a sus empleados. Ellos, a su vez, deciden cómo tratar a los clientes”. Los resultados de las aerolíneas low cost Southwest Airlines, que desde entonces han crecido sin parar, le dieron la razón desde el principio, pero el resto de empresarios ha tenido que esperar más de 40 años –y leer varios estudios– para darse cuenta de que los empleados felices son más productivos que el resto. Y entonces, llega la pregunta del millón: ¿qué es exactamente lo que necesitan los empleados para ser felices?

Quizá te sorprenda, pero la “VI Encuesta Adecco: La felicidad en el trabajo” deja claro que para la mayoría de los trabajadores es imprescindible que haya un buen ambiente laboral en la oficina. De hecho, los 2.400 profesionales en activo consultados en esta investigación puntuaron con un 8,38 sobre 10 este concepto, colocándolo por delante, incluso, del salario (8,22) o de tener horarios flexibles que posibiliten la conciliación de la vida personal y profesional (8,24). ¿Sabes lo que esto significa? Básicamente, que la figura de los líderes es fundamental para atraer y sobre todo retener el mejor talento. Por eso, las empresas buscan urgentemente personas capaces de labrar su autoridad, no tanto a raíz del puesto que ocupan, sino de las decisiones que toman. Porque, como bien sabemos hoy, ni todos los jefes son líderes, ni todos los líderes son jefes.

En busca del líder perfecto

Ahora que los directivos saben que los empleados son personas y que los líderes son fundamentales para conectar con ellas, surge otra pregunta: ¿cómo debe ser un buen líder? Resumiendo mucho, debería parecerse a Rafa Nadal. Sí, has leído bien: para los españoles, su jefe ideal sería nuestro tenista estrella, Rafa Nadal. Es la principal conclusión que se extrae de la “III Encuesta Adecco sobre Mejores Jefes y Empresas Felices para Trabajar”, en la que el –hasta ahora– nueve veces ganador de Roland Garros ha conseguido la simpatía del 34,8% de los participantes. No es la primera vez que el mallorquín ha sido distinguido con este título: de hecho, ha sido elegido como jefe soñado en las tres ediciones de esta encuesta, en la que participan 2.300 españoles, de entre 18 y 65 años. ¿Por qué gana siempre? Por un lado porque es, sin duda, un líder carismático. Pero, además, tiene afán de superación, es deportivo con sus contrincantes, tiene espíritu luchador, es humilde, noble… y muchas otras cosas que los empleados querrían ver reflejadas en sus superiores.

En este sentido, la encuesta deja claro que 9 de cada 10 trabajadores de nuestro país cree que un buen jefe es aquel que se remanga para sacar el trabajo del equipo adelante. Y si una cosa está clara es que Rafa Nadal suda la camiseta en cada partido. También hay otros deportistas de élite, como Andrés Iniesta (25,6%) o Pau Gasol (25,4%), que destacan por su capacidad de sacrificio y su humildad. Por eso, los trabajadores españoles verían con buenos ojos que sus líderes se parecieran también a ellos. Como ves, está claro que los empleados no quieren superiores a los que les guste figurar y destacar por encima de los demás, sino que buscan personas aparentemente normales y corrientes con las que trabajar, codo con codo, para solucionar los problemas que puedan ir surgiendo cada día.

Lejos del deporte, también hay figuras nacionales e internacionales que sientan las bases de lo que debe ser un buen líder. El expresidente estadounidense Barack Obama cuenta con el respaldo del 31,5% de los españoles, lo que le coloca en segunda posición en el ranking. Su capacidad oratoria y su diplomacia son, sin dudas, cualidades a destacar en un jefe. También la trayectoria y el tesón de Amancio Ortega vuelven a ser premiados por los españoles. El empresario leonés vuelve a liderar la categoría empresarial y, en esta ocasión, se cuela en el ranking general de los más votados como tercer clasificado.

El ‘cómo’ también cuenta

Fijándose en los líderes que eligen los trabajadores españoles es relativamente sencillo entrever los valores que los directivos deberían buscar en los altos cargos y mandos intermedios de sus organizaciones. Pero, ¿basta con que estos sean luchadores, prudentes, cercanos y accesibles? Seguramente sea un buen comienzo, pero también hay que prestar atención a la forma con la que ejercen su autoridad porque, sin duda, ese cómo marca la diferencia entre una buena y una mala relación entre jefes y empleados. Es lo que en psicología laboral se define como estilos de liderazgo, un concepto que hoy se considera clave dentro de la experiencia de los empleados.

Aunque hay varias clasificaciones sobre este tema, uno de los libros más exhaustivos y aceptados por la mayoría de los expertos es El líder resonante, en el que los autores Goleman, Boyatzis y McKee hablan de la existencia de seis tipos de liderazgo que definen como situacionales, es decir, que pueden aplicarse indistintamente por un mismo líder, en función de las necesidades del momento. Los clasifican de menor a mayor resonante: autoritario (exigen cumplir órdenes sin dar explicaciones), democrático (los trabajadores toman las decisiones en equipo), afiliativo (tienen en cuenta las afinidades dentro de un equipo), timonel (tienen en mente los objetivos, no a las personas), coaching (descubren habilidades y deficiencias del equipo para sacar el máximo partido a todo el mundo) y visionario (su discurso motiva y genera compromiso).

A pesar de que el liderazgo visionario es, según estos autores, el que mayor resonancia genera en los trabajadores, la “III Encuesta Adecco sobre Mejores Jefes y Empresas Felices para Trabajar’ demuestra que 1 de cada 3 españoles prefieren el llamado liderazgo democrático, frente al escaso 4% que se decanta por el liderazgo autocrático, donde el jefe es el único que toma decisiones sin justificarlas en ningún momento. Desde luego, el debate suele ser muy enriquecedor dentro de una organización, pero muchos directivos se preguntan si de verdad pueden los trabajadores decidir democráticamente todas las cuestiones a las que debe hacer frente un líder. Seguramente no, pero es importante que el jefe se caracterice por tomar decisiones tras potenciar la discusión del grupo, permitiendo, fomentando y, sobre todo, teniendo en cuenta las opiniones de las personas que forman su equipo. Porque los líderes que de verdad son líderes no sólo hablan bien, también escuchan lo que otros tienen que decir. Les da voz –incluso voto–, les hace sentir que son importantes y les explica que, sólo si sus objetivos son los mismos que los de la compañía, podrán crecer al mismo ritmo que la competencia. Se lo dice porque es un discurso motivador, pero sobre todo porque es verdad: sin trabajadores comprometidos, el liderazgo no tiene sentido.

Mª José Carracedo on Twitter
Mª José Carracedo

Directora de Adecco en Cataluña y Aragón