Cada día hay más directivos y ejecutivos que se sienten atraídos por el mundo del yoga y la meditación. Piensan, de alguna manera, que estas prácticas pueden resultarles beneficiosas, contrarrestando quizá sus vidas agitadas y estresadas. De entrada parece una buena idea. ¿Lo es realmente?

Mucho se ha escrito sobre yoga y meditación, esta última más conocida recientemente como mindfulness. Más allá de los mitos, la ciencia se ha preocupado en los últimos tiempos de verificar si las múltiples propiedades beneficiosas que se atribuyen a esas disciplinas son o no ciertas. Veamos.

De entrada, el yoga parece no ser una práctica demasiado aeróbica. Si lo que queremos es oxigenarnos y hacer latir nuestro corazón con fuerza será mejor que optemos por una actividad más movida. Sin embargo, es cierto que disciplinas como el Ashtanga yoga han conseguido promover más beneficios cardiovasculares que otras modalidades clásicas, como el Hatha, centrándose en repeticiones de ejercicios como, por ejemplo, el famoso “saludo al sol”.

Si lo que queremos es mejorar nuestro tono muscular y aprender a relajarnos, entonces cualquier tipo de yoga nos será de la máxima utilidad. Parece lógico que ante el estrés nos convenga más una actividad relajante que no demasiado excitante. El yoga es unión de opuestos. Relajar y tensar. Coger aire y soltar. Acción y pausa. Cuando conseguimos trascender los opuestos dejamos de hacer yoga para ser yoga.

En otro orden de cosas, muchas investigaciones de prestigio demuestran que el yoga y la meditación son excelentes para combatir los estados de ánimo depresivos. No hay más que darse cuenta de la sensación de euforia que nos invade al terminar la clase. Si practicamos yoga o mindfulness unos cuantos días a la semana nos sentiremos más pletóricos.

Es importante saber que si forzamos la práctica del yoga es muy probable que nos lesionemos: lumbares, cervicales y un largo etcétera. Por tanto, hay que tener claro cuál es nuestro límite y avanzar muy despacio. El yoga es todo menos exhibición y desfile de posturitas. Un buen maestro nos ayudará a no forzar más allá de lo estrictamente necesario.

Los efectos sobre la creatividad también han sido estudiados. En función del tipo de ejercicio que escojamos, la práctica de la meditación incidirá muy favorablemente en nuestra capacidad de concentrarnos y vaciar la mente, por una parte, o en el desarrollo de nuestras destrezas imaginativas y de visualización, por otra. Además, meditar sosiega el espíritu, aumenta nuestra compasión hacia los demás y nos ayuda a controlar mejor nuestras emociones negativas.

Los beneficios de ambas disciplinas sobrepasan, con creces, sus limitaciones. Dedicarles una pequeña parte de nuestra vida es siempre una buena idea. Poco a poco, construiremos la mente brillante de la que hablan los antiguos textos. Namaste.