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Contradicciones

Contradicciones

Los seres humanos somos contradictorios por naturaleza. En principio no hay nada malo en ello. La moderna neurociencia explica nuestra tendencia a contradecirnos (decir una cosa y hacer la contraria) a través de las diferencias en nuestras estructuras cerebrales: mientras “creemos” una cosa conscientemente, nuestro cerebro implícito (o inconsciente) ya ha decidido otra. Somos, en parte, víctimas de dos cerebros: el rápido y el lento. El rápido es intuitivo, se mueve a través de emociones y capta de forma holística la información para emitir veredictos. El lento es más lógico y estructurado, tiene tendencia al análisis lento y secuencial de la realidad. Vivimos sin vivir en nosotros, que diría Santa Teresa…

Pero los humanos también podemos darnos cuenta de esos procesos internos que nos rigen e intentar cambiarlos un poquito. Eliminar del todo nuestras contradicciones es casi imposible pero conseguir no caer en ellas de manera flagrante sí debería ser algo realizable.

Muchos directivos son contradicciones andantes. Dicen que no se mueven por dinero pero luego incentivan a sus colaboradores solamente con bonos y recompensas de todo tipo. Pretenden ser amigables y tranquilos pero a la que algo no funciona como ellos desean se vuelven irascibles y agresivos. Piden a sus colaboradores un determinado comportamiento (lealtad, por ejemplo) pero luego son tremendamente desleales en sus relaciones profesionales y personales. Afirman que no creen en las ostentaciones (de títulos, por ejemplo) y luego van mostrando hasta el cansancio sus logros curriculares.

Es la patología de la contradicción extrema. Afirmar algo con vehemencia y luego hacer lo contrario. Lo grave es que las personas que así actúan a menudo no se dan cuenta de su conducta. No son conscientes de que viven a caballo entre dos mundos y quedan constantemente en evidencia.

Todo el mundo sabe que, si hay algo básico en el ejercicio del liderazgo, es precisamente predicar con el ejemplo. Si un líder pide a sus colaboradores que sean creativos tiene que demostrar cada día que es capaz también de serlo. De lo contrario, sus demandas se van a convertir en papel mojado, como tantas veces pasa en la empresa. Los líderes de verdad no hablan, actúan. No emiten discursos, experimentan y demuestran.

¿Cómo podemos evitar las contradicciones flagrantes? Solicitando constantemente retroalimentación a nuestros colaboradores y aceptándola. Un líder de verdad no impone ni siquiera dirige: simplemente escucha, sugiere y apoya. Para ello es importantísimo que se conozca muy bien, que elimine las contradicciones más obvias de su conducta habitual y que arrastre a los demás miembros de la empresa a hacer lo mismo. Sólo así se construyen directivos con alma y sin máscaras. Sólo así se edifican empresas sanas y colaborativas.

Ya es hora de ir eliminando el verbo “competir” de nuestro vocabulario. Las empresas más divertidas, potentes e innovadoras del mundo ya no compiten. Simplemente ponen toda su alma en lo que hacen y procuran pasarlo bien. No se preocupan de lo que hacen los demás. ¿Para qué?

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Franc Ponti
Profesor de innovación en EADA Business School