Continúan los cambios y aceleración producidos por la era digital. Cambios que afectan no sólo a la forma de trabajar sino también a la forma de entender las relaciones profesionales, y las opciones que nos da la tecnología. Avanzamos a lo que ya denominamos la nueva normalidad y adaptarse a ella debería formar parte de la hoja de ruta de todas las organizaciones. Sin embargo, vamos rezagados y aún hay mucho por cambiar, porque en la era digital no vale relajarse y el que se quede atrás, morirá.

Para conocer esta nueva realidad, centrándonos principalmente en el cuándo, cómo, dónde y con quién trabajamos a partir de la revolución digital, tenemos que entender que el trabajo ha sufrido una deslocalización, al dejar de ser un lugar, a ser una acción. Esta deslocalización afecta a tres grandes ejes fundamentales en las compañías: personas, empresas y espacios. Tres protagonistas que necesariamente deben estar alineados con las oportunidades cambiantes que nos ofrece la tecnología.

Es necesario tener una visión integrada del verdadero alcance del momento que vivimos en la historia del management, donde la conectividad toma una importancia enorme, ya que un entorno laboral no será productivo si no responde a las necesidades no sólo físicas, sino también tecnológicas de sus usuarios. Por lo tanto, la tecnología es el hilo conductor y herramienta fundamental para el rendimiento de todo profesional y de todo negocio.

La transformación de las empresas se hace necesaria, guardando el equilibrio entre espacios y personas. Los perfiles profesionales que vienen imponen sus propias reglas, y la tecnología y flexibilidad serán claves para conseguir de estos profesionales la máxima productividad. Por otro lado, nos encontramos con los profesionales que ya estaban en las organizaciones cuando esta revolución comenzó, y aquí encontramos un gran hándicap para la transformación. A nivel personal somos capaces de incorporar las nuevas herramientas a nuestras pequeñas actividades cotidianas, sin embargo, el 70% de los procesos de transformación en las empresas están fracasando, y las principales causas son las personas y su resistencia. Así lo afirma mi colega Iratxe Pascual, Directora de nGloba Strategy. También la falta de un objetivo y propósito claros son motivo de este fracaso tan generalizado.

La actitud de las personas frente a los cambios es decisiva. Diseñar el futuro con los empleados, incluirles en la estrategia, contar con su opinión y además compartir y celebrar con ellos los logros es clave. La transformación es un proceso y en la medida en que los líderes y el conjunto de las personas de las organizaciones entiendan que hay unas fases, que requieren de un tiempo, estrategia y objetivo, su actitud comenzará a ser más receptiva y participativa.

Ante este panorama, nos preguntamos qué papel juega el espacio de trabajo en esta transformación. A día de hoy se impone la flexibilidad y los espacios digitales. El espacio es una herramienta más de apoyo y productividad.

La transformación desde el punto de vista de la tecnología, las personas y los espacios, se debatirá el 2 de marzo en Barcelona en la Workplace Design Conference.