Saltar al contenido
SomosBiz

No todo se debe hablar

No todo se debe hablar

[vc_row css=”.vc_custom_1445508968419{margin-bottom: 0px !important;}”][vc_column][vc_column_text css=”.vc_custom_1445507518888{margin-bottom: 30px !important;}”]

Lo que pensamos todavía nos pertenece, lo que decimos ya pertenece a los demás.

La tesis que expondré en este artículo tiene aplicación tanto en el ámbito profesional como en el personal. Espero que te llame a la reflexión. Me gustaría que, una vez leído, buceases en tu memoria para encontrar situaciones que habrías gestionado de diferente manera según lo aquí expuesto.

Nos subimos a las modas y al pensamiento general –lo que los anglosajones llaman mainstream– de manera acrítica. Aceptamos lo que circula por ahí, en los medios o en la sociedad, ya sea una forma de vestir o de tatuarse, o de llevar la barba, o una frase resultona que repetimos como loros como si de una verdad universal se tratase pero sobre la que no nos hemos detenido a observar todas sus aristas.

Una de esas frases es ‘Todo se debe hablar’. La utilizamos como consejo a quien nos relata una mala etapa con su pareja, o con su jefe, o con su compañero de trabajo. ‘Díselo tal como me lo estás comentando. Dile qué te preocupa. Todo se soluciona hablando’. Tengo la intención de demostrarte que puede ser un grave error.

Uno de los indicios de que te haces mayor es que utilizas mucho más el adverbio ‘depende’. Eres menos dogmático y dudas más sobre todo. Has aumentado la perspectiva con la que visionas la vida, evalúas lo que sucede a tu alrededor con el gran angular que te aportan las experiencias vividas y observadas. ‘Todo se debe hablar’ puede ser una gran herramienta de resolución de conflictos… o un gran error. Depende.

Permíteme una digresión. Una variante terrible: la sinceridad. ‘¿Te puedo ser sincero?’. ‘No, gracias’, acostumbro a responder a mi interlocutor. Si quisieras aportarme algo que me ayudase ya lo habrías hecho sin necesidad de la solemnidad del momento sinceridad. Me trae sin cuidado que te luzcas –porque en el fondo eso es lo que buscas–. No quiero que perpetres contra mí tu opinión con visos de verdad universal. No me aportará nada porque estará contaminada, además de por tu divismo, por tus pensamientos, tus creencias y tu mochila vital. Déjame en paz y quédate tú con tus miserias y tus frustraciones, que yo bastante tengo con soportar las mías. La sinceridad está sobrevalorada. Prefiero la honestidad: no decirlo todo, pero que lo que se diga sea genuino y desinteresado. Cierro digresión.

‘Todo se debe hablar’. No, no todo debe hablarse. Pregúntate si la otra persona está preparada para oírlo. Pregúntate si vas a topar con una de sus creencias más profundas. Pregúntate si va a comprender la posición desde la que se lo dices. Si la respuesta a cualquiera de esas preguntas es NO, no des el paso. Quédatelo para ti a la espera del momento propicio. Quizá nunca llegue, pero no importa. Bucea en tu inteligencia emocional y busca la manera de gestionar la relación o situación conflictiva con esa persona de forma que no sea necesario perpetrarle tu mensaje.

Imagina que le dices a tu pareja que te gustaría practicar un trío. Leíste por ahí que ‘Todo se debe hablar’ y pensaste ‘¿Por qué no? No pierdo nada’. ¿Estás seguro o segura de que no pierdes nada? Yo creo que sí, y mucho. Te sugiero que antes te asegures de que tu pareja está mínimamente receptiva a una proposición así. Porque si no lo está, a partir de ese momento la desconfianza se instalará entre vosotros. En su cerebro siempre planeará la idea de que vuestra relación no va bien, que te falta algo, que no sabe darte lo que necesitas y por eso propusiste el trío, o que cuando llegas tarde a casa es porque tienes un lío por ahí. Si la autoestima de tu pareja está en buena forma tomará una decisión en breve sobre si continuar contigo o no, y si está en baja forma entrará en una espiral de tristeza que te arrastrará también y vuestra relación se convertirá en un calvario. Tú decides. Quizá practicar tríos sea muy importante para ti. En tal caso arriésgate a decírselo para saber cuanto antes cómo reacciona y tomar la decisión de continuar con esa relación o no.

Imagina que, tras un tiempo intentando que un colaborador se adecúe a las políticas marcadas por la empresa, tras varias charlas e incluso amonestaciones alertándole de que esperas un cambio, llega un momento en que sientes que la confianza hacia esa persona se ha quebrado –eufemismo de que consideras que te está tomando el pelo–. Siguiendo la moda del ‘Todo se debe hablar’, le espetas que has perdido la confianza en ella. Reflexiona un momento el efecto de tus palabras: en el caso de que su autoestima esté en buena forma, su cerebro va a traducir que es persona non grata en esa empresa; si está en mala forma la vas a hundir en un mar de inseguridades y frustración. Nadie quiere pertenecer a un club en el que o no le quieren o no le valoran. Así que, a partir de ese momento, todo irá a peor. El rendimiento bajará y en paralelo se estará buscando otro trabajo. ¿Entonces, si no es recomendable hablarlo, qué puedes hacer? Es muy sencillo: cuando has llegado a ese punto de desconfianza, reubícala o despídela. Ahorraros los dos el suplicio de teneros que aguantar mutuamente. Hablarlo ya no servirá de nada, solo lo empeorará.

Imagina que le dices a un compañero de trabajo, o a un jefe, o a un socio, o a un amigo, que tienes un problema y que la solución pasa por un cambio en él o en los dos. Es decir, algo que él o los dos debáis hacer diferente para que tu problema se resuelva –te dejo a ti, lector, que le pongas nombre a ese problema–. ¿Estás seguro de que tu interlocutor va a entender tu problema? ¿Cuenta con la empatía suficiente para ponerse en tu piel? ¿Le estás pidiendo algo que afectará sensiblemente a su estilo de vida, a sus principios, a sus expectativas sobre vuestra relación? Ten mucho cuidado porque a partir de ese momento le puedes resultar molesto. Puede ser el punto y final de vuestra relación, ya sea personal o profesional. Si se mostró reacio a tu propuesta, ten en cuenta que cualquier cosa que hagas o digas de ahora en adelante, aunque sea bienintencionada o neutra, la interpretará en clave de que intentas salirte con la tuya y conseguir con estratagemas opacas y manipulaciones lo que no conseguiste en aquella conversación. La desconfianza se puede instalar entre vosotros. Valóralo bien antes de dar el paso.

¿Todo se debe hablar? Depende.

Te deseo lo mejor.

Daniel Sánchez Reina on LinkedinDaniel Sánchez Reina on Twitter
Daniel Sánchez Reina
Socio-Director en E2 Eficiencia Empresarial