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La robótica ante los retos del futuro

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La robótica ha sido uno de los elementos clave en la tercera revolución industrial y fue en su momento la clave del avance en eficacia, flexibilidad y fiabilidad de los procesos de producción, al tiempo que abría nuevas posibilidades y expectativas. Después de una primera fase de expansión de la robótica en el sector industrial se produjo su abertura a otros sectores, como el de servicios, y en los últimos años la robótica ya es un elemento no ajeno al entorno cotidiano y social. En este contexto, la visión de la sociedad respecto a la robótica ya no se focaliza únicamente en su incidencia en la producción, sino también en cómo puede incidir en un aspecto más social.

Analizando la historia de la evolución tecnológica es evidente que la primera revolución industrial, caracterizada por la invención de la máquina de vapor y la introducción de la mecanización, supuso un impacto social importante al desplazar mucha mano de obra del sector agrícola al incipiente sector industrial. La segunda revolución industrial a principios del siglo XX, caracterizada por la aparición de la electricidad y la introducción de la fabricación en serie, supuso un importante impulso en este sector y en esta migración en torno a las zonas más industriales. La robótica caracterizó juntamente con la electrónica, la informática y la automática la tercera revolución industrial iniciada a mitad del siglo XX. Como en la anterior  revolución, este salto tecnológico planteó además de la esperanza de mejoras de las condiciones de trabajo, el temor sobre la amenaza de la progresiva sustitución de las personas por máquinas mermando puestos de trabajo. Estos avances tecnológicos, juntamente con las reivindicaciones sociales, hicieron posible una mejora sustancial de las condiciones laborales de trabajo. Sin embargo, ello supuso también un profundo cambio en la tipología de muchos puestos de trabajo, requiriendo esfuerzos de adaptación de los trabajadores y en muchos casos pérdidas de empleo, al menos temporal, para un apreciable sector de la sociedad.

Y en este principio de siglo XXI se está produciendo la cuarta revolución industrial. Esta nueva revolución viene impulsada básicamente por la irrupción de la Internet de las Cosas (IoF, Internet of Things) y la integración de las comunicaciones; de la informática integrada en dispositivos, en equipos o en sensores (embedded); de la sensorización masiva; de los nuevos materiales, y de la fabricación en línea (mediante la impresión 3D o fabricación aditiva). Todo ello ha dado lugar a la denominada industria 4.0. En esta nueva revolución, la robótica ya no es un elemento que le caracteriza, pero es un recurso esencial, tanto desde el punto de vista estratégico como desde el punto de vista socioeconómico. En el contexto social, más allá de la industria, la robótica irá repercutiendo de forma crecientemente en la vida cotidiana por su proximidad e incidencia directa sobre las personas. En este contexto, el rol de la robótica tiende a extenderse a:

– Los procesos de fabricación, aportando mayor calidad, más seguridad, flexibilidad y habilidad.

– Los servicios, garantizando una gran variedad de tareas en sus diferentes ámbitos: mantenimiento, construcción, exploración, así como también la salud.

– La ayuda a las personas en su vida diaria, como asistente personal.

– La ayuda a las personas con necesidades especiales.

– La formación, como interfaz inteligente.

– El ocio.

La robótica plantea dos grandes retos en dos aspectos esenciales, el técnico y el social. En lo que se refiere al aspecto técnico, para que la robótica vaya ampliando su ámbito de actuación, y dado su carácter multidisciplinar, su evolución debe ir ligada al desarrollo de:

– La Inteligencia Artificial, para poder conseguir comportamientos más inteligentes imprescindibles para el desarrollo de equipos más autónomos, con capacidad de decisión y de interaccionar de forma natural e intuitiva con las personas.

– La microelectrónica, que permite integrar la cada vez mayor capacidad de inteligencia y de control sobre el propio equipo y sus componentes.

– Los nuevos materiales, más ligeros, resistentes y mejor adaptables al entorno, y poder resolver problemas como la biocompatibilidad.

– Las telecomunicaciones, que permitan la conexión inhalámbrica con mayor alcance y fiabilidad.

– La miniaturización, un requisito requerido cada vez con mayor frecuencia, y que alcance hasta la nanorobótica, que abre un abanico de aplicaciones tanto en los entornos industriales como en investigación o el campo biomédico.

En lo que se refiere a los aspectos sociales, el coste es un factor relevante para su aceptabilidad, un aspecto que sin duda, con una creciente implantación debido a estos avances tecnológicos, conllevará mayores escalas de producción y costes más competitivos. Otro aspecto que limita extender la robótica a un uso más cotidiano, es tanto su aspecto externo como la capacidad y facilidad de interacción con el usuario. Todo ello no implica necesariamente caer en paranoias, como el desarrollo de robots androides (hiperrealismo), si no que implica diseños más atractivos, más funcionales y más eficaces, unos aspectos que no se resuelven necesariamente con diseños guiados por la moda o el espectáculo mediático.

Sin embargo, lo que preocupa a la sociedad es una visión de la robótica como una potencial amenaza que produzca la destrucción de puestos de trabajo. En este aspecto no faltan voces autorizadas de visión alarmista, que pronostican en un horizonte no muy lejano un aumento muy importante del paro debido a esta imparable escalada en la robotización de los procesos de producción, que llevaría a una situación social muy crítica. Con esta visión de futuro, se considera que para resolver esta situación extrema creada, debería generalizarse un salario mínimo garantizado.

Pero la constatación actual es la contraria, puesto que los países con una relación robots/trabajadores más elevada, como Japón o Corea, son precisamente los que tienen una tasa de paro menor. Ello actualmente sucede porque la eclosión de la tercera revolución industrial, del que estos países con mayor implantación de la robótica han sido un paradigma, comporta, por una parte mayor competitividad y mayor capacidad de producción de bienes y equipos (riqueza). Un análisis de la tipología de puestos de trabajo en estos países muestra que la robotización conlleva la necesidad de disponer de personal cualificado con capacidad y conocimientos para: diseñar, programar aplicaciones con suficiente nivel de inteligencia y adaptación a entornos de operación cada vez con más capacidad sensorial y en entornos cambiantes, conocimientos para concebir nuevas aplicaciones y para llevar a cabo las tareas de instalación y mantenimiento. Esta situación comporta la substitución de una mano de obra no cualificada por personal con mayor formación. Sin embargo, todo ello hasta el momento no ha supuesto en estos países un aumento de las tasas de desempleo.

Otra opinión, que compartimos, es que la perpetuación de este escenario, manteniendo las actuales características de la tercera revolución industrial, realmente puede conllevar una progresiva reducción de puestos de trabajo y además un creciente desequilibrio entre países ricos y pobres. Sin embargo, las características de la incipiente cuarta revolución industrial puede alterar sustancialmente esta tendencia.

La tercera revolución industrial tendió más a potenciar a las empresas, especialmente a las medianas y grandes, que a crear nuevas empresas. Ello es debido a que estas empresas con mayor potencial pudieron asumir los costes derivados de la automatización masiva y la robótica, obligando a desaparecer las que no pudieron asumir esta transformación. Esta cuarta revolución puede cambiar este escenario al ser radicalmente distinta.

En este caso, el aspecto más importante es el factor humano. El desarrollo tecnológico está produciendo una creciente miniaturización y reducción de costes de los microprocesadores que a su vez ya contienen aplicaciones para facilitar su usabilidad. Ello facilita poder ubicarlos tanto en equipos como en sus componentes (embeded systems), permitiendo la inteligencia distribuida. Esta inteligencia distribuida y parcial, además puede no quedar confinada en ellos gracias a la posibilidad de poder complementarse, al poder estar interconectada sin límites a través de internet. Todo ello genera muchas oportunidades en cascada y en muchos casos con unos costes de inversión mínimos. Actualmente, disponiendo simplemente de un portátil dotado de potentes y asequibles herramientas de diseño y de las ya populares impresoras 3D, es posible diseñar y casi en tiempo real tanto verificar diseños como fabricar prototipos. Estas impresoras que permiten la fabricación aditiva aún con una limitada gama de materiales, en pocos años podrán operar también a cualquier metal, aumentando considerablemente su potencial. El impacto de estas tecnologías hace que sea el factor humano el elemento más relevante y estratégico, que cada vez más constituye el detonante de la creación de nuevas empresas más especializadas, que pueden ser tanto o más competitivas que muchas de las actuales pymes.

Todo ello tiende a aumentar, por una parte, la capacidad de generación de riqueza más atomizada y por otra la capacidad de prestar más y mejores servicios a la industria y a la sociedad.

Sin embargo, al considerar esta posible evolución positiva no debería dejarse de lado sus potenciales efectos secundarios. Esta capacidad de creación de riqueza no garantiza una distribución más equilibrada a nivel mundial. La problemática derivada de la generación de la riqueza necesaria para la subsistencia humana, pero concentrada en pocos países que a su vez también disponen de las mayores compañías, comporta tener que dar soluciones políticas que faciliten una redistribución más justa y equilibrada. No parece que estas soluciones puedan dimanar de las políticas de los distintos estados, ni tan solo de los de la UE y de EEUU, pero en estos últimos años han aflorado acciones tipo Wikileaks o los Papeles de Panamá, que podrían desencadenar una reacción popular más enérgica para obligar a avanzar en este sentido.

Esta cuarta revolución industrial puede suponer para Catalunya, así como para los distintos países que han visto en los últimos años decrecer considerablemente su actividad económica industrial, una oportunidad no solamente para repotenciar el tejido industrial actual, sino también una oportunidad para las nuevas generaciones de jóvenes formados por nuestro sistema universitario que según informes, como el recientemente publicado del BBVA, lo sitúa en la cabeza del ranking de las universidades españolas y asimismo también aparece en destacadas posiciones en los rankings publicados de universidades europeas. A este favorable nivel de formación de nuestros universitarios, aunque con insuficiente proporción de vocaciones técnicas y más especialmente en el entorno femenino, se le une también los aspectos favorables de su marcado espíritu emprendedor y de un entorno con acreditada tradición industrial.

Las facilidades que supone para los nuevos emprendedores, que aportan su inteligencia y tenacidad y pueden disponer de potentes medios de diseño y fabricación a costes reducidos y conectados al mundo exterior desde cualquier domicilio, pueden representar también una oportunidad de reequilibrio territorial. Esta favorable situación, de que con pocos medios se pueden abordar ambiciosos proyectos, puede no ser suficiente y requiere a veces el poder acceder a equipos de mayor coste y complejidad. En este sentido nuestro país también dispone de grandes infraestructuras como el sincrotrón Alba o el Centro de Supercomputación MareNostrum que prestan el apoyo necesario a muchos proyectos industriales, y también dispone de los equipos especializados de muchos laboratorios universitarios y centros de investigación que están cada vez más comprometidos en poder prestar servicio al sector industrial. Cabe esperar que todo ello quede potenciado en un futuro próximo en poder tener un entorno político más favorable.

Alícia Casals
Catedrática de la Universitat Politècnica de Catalunya e Investigadora asociada del Institut de Bioingeniería de Catalunya
Josep Amat
Catedrático de robótica de la UPC, actualmente profesor emérito.