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Innovación en salud: ‘Mens sana in corpore sano’

La innovación, no solo tecnológica, sino también metodológica e incluso de negocio, supone una gran aportación para el sector de la salud.

Innovación en salud: ‘Mens sana in corpore sano’

¿Cuál es el reto más importante de la denominada sociedad del bienestar? Precisamente asegurar dicho bienestar en su vertiente más primaria y básica, esto es, la salud de sus integrantes.

En la sociedad actual las necesidades sanitarias crecen exponencialmente, tanto por el aumento de la población como por las maravillosas innovaciones médicas y farmacológicas (no siempre baratas) que permiten mejores tratamientos a un número cada vez mayor de dolencias y enfermedades.

Como contrapartida, tal despliegue sanitario implica un coste económico que no es sencillo de asumir. Por ello, es objeto recurrente de ataques por determinados operadores y poderes públicos en forma de recortes o limitaciones o condiciones en su aplicación, sufriendo las consecuencias no solo los pacientes (que lo somos todos) sino también sus profesionales (sometidos a muchos sacrificios y carencias, así como a injustos reproches por parte de sus pacientes).

Afortunadamente, existen algunas vías de solución o de minimización de dicho problema. En este contexto la innovación, no solo tecnológica, sino también metodológica e incluso de negocio, supone una gran aportación, pues algunos planteamientos disruptivos en materia sanitaria empiezan a ofrecer unos resultados y ahorros francamente alentadores.

Un ejemplo de innovación no tecnológica, sino de lo que podríamos denominar “disrupción en el modelo de negocio sanitario” es IORA HEALTH, una startup americana fundada en el año 2010 en Boston que, después de atraer 123 millones de dólares por parte de diferentes inversores, ampliar su presencia a más de 11 estados de Estados Unidos y ser usada por más de 40.000 pacientes del sistema Medicare, ha permitido reducir a la mitad los ingresos hospitalarios, disminuir un 20% las visitas a urgencias y un 12% el gasto sanitario, incluso entre pacientes con una salud peor a la media del sistema.

Todo esto lo consiguen mediante tratamientos preventivos, realizados por asesores y coachs en salud que aconsejan y motivan sobre hábitos más saludables a sus pacientes/usuarios, quienes evitan así las malas consecuencias que sus anteriores costumbres iban a provocarles, en una clara mejora de su propia salud. Además, no lo olvidemos, del propio sistema sanitario general, que se ve descargado de un volumen de trabajo que, tal vez, nunca hubiera debido de tener, pudiendo así de este modo asignar sus valiosos recursos humanos y técnicos a otro tipo de pacientes que requieren con carácter más prioritario su atención.

 

La gran mayoría de las 40.000 apps de salud que se estiman que existen carecen de aval médico o profesional que acrediten su solvencia.

 

Y si este esquema de prevención (innovador por su transversalidad, pues ya se había aplicado antes con éxito para problemáticas específicas: la prevención de la diabetes, el tabaquismo, etc.) puede resultar un ejemplo de innovación a destacar con escaso componente tecnológico, el que están llevando a cabo desde la también estadounidense NEOFECT es justamente el contrario: una muestra de innovación con marcado carácter tecnológico en el ámbito sanitario, concretamente en el de la rehabilitación con espectaculares resultados.

NEOFECT comercializa, entre otras cosas, el Rapael Smart Glove, un dispositivo ergonómico que, a modo de guante, permite a quienes han tenido derrames cerebrales o cualquier otro tipo de problemas que incapacitan la movilidad de la mano, poder recuperar el movimiento y control de estas extremidades mediante la realización virtual de determinados ejercicios manuales. Así, enfundado el pseudo-guante, el paciente intenta repetir movimientos a tenor de lo que le muestra una pantalla, todo ello formando parte de pruebas y retos en uno o varios juegos informáticos con componentes de realidad virtual, consiguiendo no solo incentivar la práctica de los ejercicios de recuperación, sino parametrizarlos mediante diferentes sensores que muestran con total exactitud cómo se ha comportado cada elemento (músculo, tendón, hueso, etc.) involucrado en el movimiento.

Con ello, NEOFECT no solo logra una recuperación más amena (gracias a la gamificación) por parte de los pacientes, sino mucho más efectiva (mejoras superiores al 33% en la rehabilitación) y, en consecuencia, una recuperación más eficaz y barata.

MEDTECH: Innovación en Tecnología Médica

Y es que la innovación en tecnología médica es una constante a lo largo de toda la historia de la medicina. Las evidentes diferencias entre el instrumental médico de un doctor o de un quirófano en la actualidad y el que se tenía apenas hace unas décadas dan una buena muestra del enorme desarrollo técnico que ha tenido la medicina.

Sin embargo, en los últimos años, el fenómeno de la tecnología médica (MEDTECH) se ha extendido más allá de los profesionales de la salud, permitiendo a la población en general disponer de dispositivos que, de un modo u otro, parametrizan, recopilan datos u alertan sobre aspectos de salud, ya sean funcionando de modo autónomo, ya sea apoyándose en los teléfonos inteligentes sobre los que existen más de 40.000 apps en materia de salud.

Así, dejando de lado las aplicaciones y monitores específicos para la práctica deportiva, gracias a diferentes apps podemos, por ejemplo, ponernos en contacto con un profesional de la salud y realizarle preguntas (incluso acompañadas de fotos, resultados de pruebas, etc.) para tener un primer diagnóstico y tratamiento.

Realizarse uno mismo una ecografía (y ver, en caso de embarazo, como evoluciona el feto) en casa usando un dispositivo conectado al teléfono móvil, o unos análisis de sangre también en casa (detallando niveles de colesterol -HDL, LVL, Total- triglicéridos, fibrinógenos y otros indicadores) o incluso análisis de orina mediante una app que analiza con increíble precisión los resultados de unas “tiras químicas”, son opciones posibles hoy en día e impensables hace unos años. Todo ello, un verdadero reto para el sector médico, cuyos profesionales no siempre han sabido encajar bien la democratización de la información (que no del conocimiento) médico.

Algunos riesgos

Motivos no les faltan para el escepticismo. De las 40.000 apps de salud que se estiman existentes, la gran mayoría carecen de aval médico o profesional que acrediten su solvencia (amén de la seguridad de los datos por ellas generados o custodiados).

Además, en muchas ocasiones incluso cuando no deben sustituir el análisis de un profesional, pueden incidir en la toma errónea de decisiones. Un ejemplo palmario de ello puede ser el ámbito del reconocimiento de casos de cáncer de piel mediante fotos que un mismo usuario/paciente puede hacerse sobre lunares o manchas sospechosas y que, mediante diferentes apps, pueden ser automáticamente identificadas como benignas o no. Algunos estudios realizados hace unos años mostraban como claros ejemplos de melanomas eran, en un porcentaje inadmisible de los casos, considerados erróneamente como “benignos” por las primeras aplicaciones que se realizaron para estos diagnósticos.

Actualmente, sin embargo, tales aplicaciones palidecen (¡pero se encuentran aún disponibles!) al lado de similares pero más modernas aplicaciones, alimentadas estas últimas con ingentes bases de datos médicas de solvencia contrastada, con supervisión humana especializada y con sistemas de inteligencia artificial, y que han salvado la vida de un gran número de personas que, de un modo sencillo y con su teléfono móvil, han podido confirmar si manchas y lunares merecían o no atención médica en un ámbito (cáncer de piel) que es el más común de los cánceres en muchos países (en Inglaterra, por ejemplo, donde mueren cada día siete personas a causa de ello).

Nuevas oportunidades

Observar las teóricas ineficiencias del mercado y plantear una alternativa más actual/moderna/eficaz puede ser, asimismo, una estrategia claramente innovadora y totalmente aplicable al sector médico.
Así, paradójicamente, quienes implementaron con éxito una tecnología en un ámbito, una vez que esta se ha consolidado, son reacios (pese a la evidente evolución tecnológica) a su cambio, ofreciendo serias resistencias y un claro freno a su modernización cuando dicha tecnología resulta superada. Tal es el caso, por ejemplo, del Servicio Nacional Inglés de salud que gasta 8,9 millones de dólares cada año (más otros costes indirectos) en su red de pagers (buscapersonas), de los que posee el 10% del parque operativo mundial. Esta tecnología está claramente superada pero en el mundo hospitalario (en el que estuvo –y por lo que se ve, aún permanece– bien implementada) ofrece una oportunidad para aquellos que promuevan su completa renovación.

 

Si hay algo revolucionario es la prevención conectada, que, basándose en la inteligencia artificial, podrá pronosticar futuras dolencias de una manera muy precisa.

 

Del mismo modo, la distribución de medicamentos (con o sin receta médica), así como otros productos de los denominados parafarmacia, sin duda entrará en una nueva y completa dimensión si grandes operadores como Amazon finalmente deciden entrar en el sector, suponiendo una clara disrupción (recibir las dosis de medicamentos directamente en casa/trabajo a medida que se necesitan) sobre el sistema actual.

Pero si hay algo que revolucionará el sistema médico, es lo que ya se ha empezado a denominar como la prevención conectada, que, basándose en la inteligencia artificial, podrá pronosticar futuras dolencias de una manera muy precisa. ¿Cómo? Haciendo uso de las tecnologías de la información que permitirán recoger gran cantidad de datos sobre la salud de un paciente/usuario, analizarlos e interpretar esa información para prever enfermedades que aún no se han desarrollado pero que podrá padecer a largo plazo, posibilitando actuar de manera preventiva para evitarla antes de sufrir ningún síntoma.

Esta innovación, apoyada en las nuevas tecnologías y el big data, ayudará no solo a transformar millones de datos sobre salud en conocimiento asequible para los ciudadanos, sino que permitirá mejorar la gestión de los servicios sanitarios e, incluso, requerir menos de esa gestión gracias a la prevención y el empoderamiento de los pacientes. Ahora son los hospitales y, sobre todo, los profesionales del sector, los que deben apostar por transformarse e implementar nuevos modelos sanitarios y relación con los pacientes.

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Laura Marín
Consultora en comunicación especializada en estrategia y contenido digital
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Daniel Vidal
Abogado especialista en Derecho de Nuevas Tecnologías