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5 sencillas acciones que van a la cuenta de resultados

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Cuando hablamos de la cuenta de resultados en una empresa, de cualquier tamaño y sector, lo primero que suele venir a la cabeza son grandes resultados globales dentro de un ejercicio junto a las estrategias de negocio.

Y eso está bien, porque sin una misión u objetivo, una estrategia, un plan de acción y un seguimiento, difícilmente nuestra cuenta de resultados va a llegar a ser grandilocuente.

Ahora bien, dentro del día a día, a nivel micro, en nuestras acciones diarias muchas veces obviamos pequeños aspectos o detalles que impactan directa e indirectamente en la cuenta de resultados.

Son acciones enmarcadas en lo que llamamos “Inteligencia Emocional” pero que no dejan de estar relacionadas con el sentido común (aunque éste no es tan común; quizá ahí esté parte del problema).

Otro día me centraré en simplificar el proceso de desarrollo de la inteligencia emocional como base de un liderazgo y autoliderazgo eficiente y eficaz.

Hoy quería hacer conscientes 5 sencillas acciones que impactan en nuestra cuenta de resultados:

1. Saludar y sonreír cuando llegamos a la oficina (o nos cruzamos con otra persona, sea quien sea).

2. Hacer lo que decimos que vamos a hacer y no hacer lo que decimos que no vamos a hacer.

3. Consensuar objetivos, plazos y acciones realistas, alcanzables.

4. Equilibrar las necesidades propias y las de los demás.

5. Usar un lenguaje constructivo, valorativo y apreciativo.

1) Puede parecer de perogrullo decir que hay que saludar y sonreír, pero créeme, no es tan habitual.

Un día no pasa nada, pero cuando un estado de ánimo serio, frío y distante se instala en nosotros, se convierte en un gran obstáculo para las relaciones de confianza. Y éstas, como sabes, son la piedra angular del éxito en los negocios.

Da igual si nos estamos relacionando con clientes, empleados o colaboradores.

Si tratamos a todos como si fueran clientes (en realidad lo son), nos resultará mucho más fácil llevar a la práctica habitual esta conducta.

2) La coherencia es el antecedente de la credibilidad, y ésta es precursora de confianza. Y la confianza catapulta el compromiso.

Así que, si queremos potenciar el compromiso por parte de nuestros clientes y colaboradores, demostremos coherencia para que puedan confiar en nosotros.

Y si cambiamos de opinión el mejor preventivo es la explicación lo más temprana posible.

3) No hay nada más desmotivador que tratar de imponer objetivos, plazos y acciones poco realistas (reto y recursos no están alineados).

Da igual que sea para nosotros mismos, para nuestros colaboradores o para nuestros clientes.

La desmotivación, falta de autoeficacia y bajo compromiso no tardarán en hacer acto de presencia y deteriorar las relaciones (y con éstas los objetivos).

La comunicación fluida, empatía y ajuste consensuado es el mejor antídoto.

3) Todas las personas tenemos unas necesidades respecto al cumplimiento de objetivos y tareas. Lo que ocurre es que pueden no coincidir o solaparse en el tiempo.

Unos tenemos más prisa que otros en conseguir el resultado. A otros nos surgen imprevistos personales que necesitamos solucionar, antes que nada, para que nuestro foco de atención no se desvíe constantemente a la necesidad básica que nos apremia.

Otros necesitamos más apoyo o dirección, otros más autonomía para decidir prioridades o tareas.

Y casi todos necesitamos que se reconozca nuestro esfuerzo y dedicación a la tarea, objetivo o resultado. Es el llamado salario emocional, más importante que el salario económico una vez cubiertas las necesidades de supervivencia.

Si solo tenemos en cuenta nuestras necesidades, estaremos provocando una herida emocional a los demás. Invisible y silenciosa (a corto plazo) a los ojos del que la realiza pero profunda y dolorosa para el que la recibe.

En el otro extremo, si solo tenemos en cuenta las necesidades de los demás, nos estaremos auto infligiendo esa herida emocional con los mismos efectos a medio y largo plazo que si lo hacemos a los demás: resentimiento, auto desconfianza, deterioro de la autoestima y las relaciones.

El antídoto es el equilibrio de ambas necesidades. Y para eso no hay otra fórmula que comunicar, preguntar, escuchar y consensuar.

4) El lenguaje es poderoso. No solo describe realidades sino que las crea. Primero en la mente de las personas y después en el contexto, con un comportamiento dirigido por esa realidad mental.

Para desarrollar un estilo de comunicación constructivo, valorativo y apreciativo hay que empezar por uno mismo. Por nuestro auto diálogo.

Y la forma de mejorarlo es el manejo de la atención. Atención para darnos cuenta de qué estamos diciendo y cómo lo estamos diciendo.

Porque a menudo no es qué decimos sino cómo lo decimos (entonación, volumen, ritmo o expresión corporal).

Es decir, tenemos que reenfocar tanto la letra (qué decimos) como la música (cómo lo decimos) para que el mensaje llegue eficazmente.

Y es que el lenguaje tiene un impacto tremendo en la creación de un clima emocional productivo en cualquier organización.

Productividad que va a la cuenta de resultados.

¿Y tú, eres capaz de diseñar grandes objetivos pero te olvidas de “sencillos” comportamientos en el día a día?

Juan Pedro Sánchez

Psicólogo Organizacional

Autor de La palanca del éxito, S.L.