Todos conectados. Always on. Universalización del acceso a Internet. Ese es uno de los axiomas de la Sociedad de la Banda Ancha. Y otro, la conectividad aumentada, de personas y cosas. Para armonizar ese objetivo aparece el concepto wearable, lo que connota Matrix o Gran Hermano, pero también negocio. Negocio que llevamos encima, aunque ello no intimide a las generaciones digitales.

Más allá de que la digitalización pueda comportar un futuro (casi presente) en el que cualquier actante (en términos rizomáticos de Latour y Callon) lleve un microchip incrustado y sea controlable por la santa alianza (la intersección entre creadores de contenidos y operadores de telecomunicación, periodismo y telecomunicaciones), debemos admitir las ventajas que el nuevo escenario implica.

La panconectividad abraza, a la manera de arca de Noé contemporánea, a cada vez más objetos, a toda una suerte caleidoscópica de entes: máquinas expendedoras, gafas, relojes, frigoríficos, vehículos, televisores, lavadoras, ropa… Tal es la tendencia a la conectividad que un dispositivo no conectado no estará en la onda del marketing: no connection, bad news. Lo que ahora se antoja como un valor añadido (“funciona y está conectado”) puede devenir una obligación que provoque quebraderos de cabeza a los departamentos de I+D+i y a los product managers.

Las consultoras siguen el fenómeno con ojos nocturnos de búho. Según Gartner, entre 2019 y 2024, es decir, probablemente en menos de dos lustros, se alcanzará la productividad real y la adopción generalizada de la tecnología wearable y, en general, del Internet de las cosas (IoT).

¿Cuáles son las mejoras a implementar en ese llevadero camino? Intentar estandarizar y uniformizar. En el primer apartado, se trata de estandarizar datos y protocolos inalámbricos (los esfuerzos en ese campo aúnan a buena parte de agentes del sector) y limitar la pléyade normativa procedente de la mareante proliferación de consorcios y organismos regulatorios (asociaciones, políticas gubernamentales o regionales). Todo ello ayudará a normalizar el sector.

Las tecnologías emergentes se pueden ubicar en el Hype Cycle, gráfico que las mide siguiendo el ciclo de vida. Gartner agrupa a esas tecnologías en cinco categorías: Technology Trigger o disparador tecnológico; Peak of Inflated Expectations o pico de expectativas infladas (Internet de las Cosas, vehículos autónomos, impresoras 3D para los consumidores y dispositivos wearables aparecen como opciones sobrevaloradas); Trough of Disillusionment o valle de la desilusión; Slope of Enlightenment o pendiente de tolerancia; y Plateau of (Productivity o madurez. Por ende, habrá que seguir los pasos del wearable para hacerlo empresarialmente más llevadero.