Hablamos con Pere Rosales, CEO de Inusual y experto en innovación.

Se habla mucho de innovación, pero a veces hay confusión sobre el término. ¿De qué hablamos cuando hablamos de innovación?

Nosotros distinguimos entre dos tipos de innovación. Una es la que tiene que ver con un material, una tecnología o un producto nuevo… una invención. Otra se refiere a una nueva manera de hacer las cosas, a una actitud innovacional, aquello que hace que, pese a que mi empresa es igual que otra, es preferida por los clientes. Supone incorporar la innovación desde una manera más organizacional, de actitud, de clima, de cultura organizativa. Hemos hecho un poco de investigación sobre qué empresas acaban siendo preferidas por los clientes, y no lo determina tanto la tecnología que tienen, que también, sino una cultura innovadora y abierta, volcada en el cliente.

 

Muchas veces se relaciona la innovación con avances tecnológicos.

Por eso nosotros hablamos de innovación vital. Es decir, la que tienes que hacer o, de otro modo, la organización acabará muriendo. Además, es vital porque se tiene que vivir. No tiene mucho que ver con si una empresa lanza o no nuevos productos, sino con el ambiente de la organización, con la cultura, con si es un entorno ávido de recibir nuevas ideas de la gente que participa, desde socios a empleados. Se consigue ser innovador provocando unos hábitos y dinámicas, implantando una cultura dentro de la organización que permite el error sistemáticamente porque necesitas equivocarte para encontrar una solución que no es obvia. Cuando operan, las empresas intentan reducir al máximo los defectos. Y es verdad que no tiene que dejar de hacer bien su trabajo. Pero también lo es que tiene que plantear nuevas maneras de hacer las cosas y buscar soluciones no obvias. Y eso implica, muchas veces, errores. Ahora bien, son errores que permiten aprender. Por tanto, una empresa tiene que seguir haciendo lo que ha hecho hasta ahora y, además, incorporar unos estilos, habilidades y competencias que implican que, en algunos momentos, se tienen que mirar las cosas desde dentro con otros ojos y otra metodología para probar cosas minimizando el riesgo.

 

¿Cómo está Catalunya a nivel de innovación?

Catalunya es muy emprendedora. A nivel cultural, siempre ha sido innovadora. Nuestro talante es innovador. Aunque haya personas muy clásicas, en términos generales, Catalunya está muy bien situada en cuanto a espíritu innovador. Por tanto, a nivel cultural y de país, estamos muy bien. Otra cosa muy diferente es a nivel de empresas y de sectores. Hay algunos que son muy conservadores, que se están dando cuenta ahora de que, si no despiertan la capacidad innovadora interna, se verán superados por nuevos competidores que vendrán de fuera y que pueden representar una fuerte competencia sobre todo en los servicios. Catalunya siempre ha sido buena produciendo productos, pero no tiene una vocación de servicio al cliente como puede tenerla una empresa norteamericana.

Por lo que dice, la innovación ya es importante, pero lo será más en el futuro.
Absolutamente. Porque los ciclos de innovación se van acortando cada vez más, en la misma proporción en que aumenta la incertidumbre, ambigüedad y volatilidad del mercado. Como el mercado es cada vez más incierto, los factores que determinan el éxito o fracaso de cualquier proyecto empresarial necesitan que los cambios y ajustes sean mucho más frecuentes. Antes estábamos acostumbrados a innovar de vez en cuando. Ahora, tiene que ser más frecuente. Te tienes que ir adaptando y pensar continuamente cuál es la pregunta correcta, no tanto cuál es la respuesta adecuada.

 

Entonces, ¿la innovación tiene que ser constante?

Tiene que ser permanente. Se trata de ser como un ambidiestro, que igual escribe con la derecha que con la izquierda. Las empresas igual tienen que buscar la eficiencia y la perfección como orientar las dinámicas y la innovación de forma sistémica para preguntarse cada día cómo puede hacer mejor las cosas.

 

¿Qué le puede pasar a una empresa que no innova?

Le pasa lo mismo que a una persona que tiene una enfermedad vital, aunque sea lenta. Tarde o temprano acabará superado por otras empresas que vienen con dinámicas más fuertes, maneras de hacer más ágiles, diferentes a las que está acostumbrada la empresa catalana o española. Tiene que ver con cambiar la manera en la que operas y no seguir haciendo las cosas como siempre se han hecho. Ese es el gran reto de la empresa catalana, avanzar en la agilidad de las operaciones para responder a la dinámica del mercado permanentemente.

 

¿Cómo es una empresa innovadora?

Una empresa innovadora es la que tiene dinámicas para poder sacar de sus empleados y colaboradores lo mejor desde la perspectiva del potencial creativo. Normalmente, nos dejamos en casa el lado creativo porque en la escuela nos enseñaron a ver la creatividad como arte. Se les olvidó decirnos que la creatividad también tiene que ver con la ciencia, que la humanidad no hubiese avanzado sin las dinámicas creativas que ha utilizado la ciencia. Pues una empresa innovadora es la que ha incorporado una serie de hábitos para que su personal tenga acceso a estas competencias de innovación y creatividad aplicadas al día a día. Fomenta que se puedan resolver los problemas no de manera lógica, sino con un espíritu crítico, pensando cuál es la mejor solución, generar alternativas y evaluar pros y contras. Además de activar el potencial creativo de cada uno, una empresa innovadora es capaz de capturarlo.

 

¿En qué se traduce eso?

Eso tiene impacto en cuatro ámbitos. El primero son los recursos humanos, con poner el foco en la gente, gestionar el talento y el aprendizaje. La segunda es el proceso, de qué manera hacemos las cosas, con utilizar los dos lados del cerebro y no sólo el de la eficiencia porque para algo están. La tercera tiene que ver con el entorno de trabajo, con la distribución del espacio. Por ejemplo, si una oficina está llena de cubículos o tiene espacios abiertos, si tiene todas las salas de reunión a un lado o están disgregadas o si tiene áreas de recreo. Y la cuarta es la manera en la que medimos. Si valoramos sólo aspectos cuantitativos y dejamos de lado otros indicadores relacionados con la innovación, estamos dejando de poder mejorar en este ámbito. Algunas organizaciones que presumen de ser muy innovadoras lo son por el desarrollo de nuevos productos, por sus invenciones, por sus patentes… Pero no tienen ni un solo indicador de cuánto están innovando los trabajadores, cuántas ideas se han generado que acaban teniendo éxito en el mercado, cuántas ideas hemos captado de los clientes, etc. Por lo tanto, si no tienen métricas de innovación vital no podrán mejorar en este ámbito.

 

¿Qué tiene que hacer una empresa que ha sido conservadora hasta ahora y que se da cuenta de que, si no innova, se queda atrás?

La innovación vital tiene tres niveles. Uno es trabajar en el pensamiento creativo, el creative thinking. Es decir, desarrollar, a nivel individual, a las personas que son capaces y que tienen ganas de probar esta nueva manera de hacer las cosas. Por ejemplo, se puede incorporar a personas que sabemos que tienen pensamiento creativo a proyectos que son críticos y estratégicos para la compañía. Antes se tiene que constatar que estas personas tienen las capacidades, que tienen tendencia a aportar nuevas iniciativas, están capacitadas y conocen las herramientas que hay en el mercado para poder innovar de manera sistemática. El segundo nivel es el trabajo en equipo. Las empresas no funcionan gracias a gente brillante, sino a equipos de alto rendimiento que son capaces de sacar el máximo rendimiento. Desde cuadros intermedios o directivos, se tiene que saber sacar provecho de estos equipos para que la gente sienta que puede participar en el grupo, incorporar ideas y aprender de los demás. El jefe tiene que aprovechar el talento y aprendizaje de todo el mundo. El tercer nivel es el de la forestación de estos equipos de trabajo, la creatividad organizacional. Se trata de que la alta dirección sea capaz de orquestar los diferentes equipos que hay en la organización y sintonizar de alguna manera la innovación. Lo que determina que una empresa sea más innovadora es el liderazgo. La innovación tiene que ir primero de arriba hacia abajo, pero se tiene que hacer bien para que después la gente de la base quiera participar en el reto y su talento y aprendizaje vuelva a redirigirse hacia arriba.

 

Por tanto, involucra a todos los niveles de la organización.

Si no se lo cree la dirección, no haremos nada. Pero también tienen que estar convencidos los mandos intermedios y la gente de base. La innovación tiene que ser una cosa líquida, la cultura innovadora tiene que impregnar toda la organización.