Algunos emprendedores invierten conocimientos, ganas, esfuerzo y recursos para resolver los misterios que rodean al cerebro, ese gran desconocido del que todos hablan. Es el caso de Ana Maiques y Giulio Ruffini, el matrimonio fundador de Starlab, empresa dedicada a la investigación espacial y la neurociencia, y su spin off Neuroelectrics. Ambos han desarrollado dos dispositivos, Enobio y Starstim, que combinan tecnologías de lectura cerebral y electroestimulación personalizada con fines terapéuticos. Hablamos con Ana Maiques –ganadora en 2014 del tercer premio para mujeres innovadoras de la UE– sobre lo bueno y lo malo que tiene emprender en el sector de la salud.

 

Tras 12 años de investigación y trabajo, ¿qué balance hace de esta experiencia empresarial?

La verdad es que es muy difícil emprender aportando valor y tecnología puntera en el campo del cerebro. Es un sector muy regulado y eso hace que todo el proceso sea muy lento. Existe una infraestructura gubernamental que ralentiza y hace más costoso innovar en salud. Supongo que si quieres ayudar a los pacientes, ese es el precio que debes pagar. Eso no quita que se pierda frescura y entusiasmo. El problema surge cuando hablas con pacientes y familiares. Te das cuenta de que no podrás aportar esa tecnología hasta que dispongas de la autorización clínica necesaria. Además, está el problema del reembolso económico: cómo se consigue que el sistema sanitario subvencione el tratamiento al paciente. En nuestro caso, se valora mucho lo que hacemos pero nos vemos obligados a invertir mucho esfuerzo y dinero para hacer de esta tecnología un tratamiento con fines terapéuticos. Uno de nuestros méritos ha sido construir una empresa que ofrece ciencia y tecnología muy avanzada desde cero.

 

Básicamente, ¿cuáles son las claves de su éxito?

Todo esto no hubiera sido posible sin mi socio, Giulio, doctor en física y matemáticas. Creo que además de estar preparados, debemos conocer lo último en ciencia y tecnología. Y por supuesto, lograr que estas lleguen a la sociedad. Somos ambiciosos: siempre decimos que nuestro lema es hacer buena ciencia con impacto social. En lugar de destinar nuestra tecnología a fines más lúdicos, nos hemos decantado por el sector clínico. Es un mercado más difícil pero nos da la oportunidad de ayudar a gente que lo necesita.

 

¿Cómo ha llegado a apasionarse tanto por la ciencia, siendo usted economista? ¿Qué es lo que más la ha motivado?

Después de 15 años trabajando rodeada de científicos, te das cuenta del valor que aportan y lo poco reconocidos que están. A mí me motiva saber que pueden resolver el enigma sobre cómo funciona el cerebro y así ayudar a los pacientes que lo precisen. Esto solo lo ves cuando trabajas con ellos durante años. Somos multidisciplinares y divergimos en algunos puntos. Por ejemplo, la ciencia y sus profesionales necesitan tiempo, mientras que los economistas nos movemos con una visión a corto plazo. Todo esto te enriquece como persona y profesional. En el fondo, te ayuda a ser más creativo en tu trabajo.

 

¿Qué les diría a todas aquellas personas que aún dudan de las aplicaciones terapéuticas de la lectura y la estimulación cerebral no invasiva?

Les diría que aún se deben hacer estudios que demuestren la eficacia de estas nuevas tecnologías. Debemos ser cuidadosos: quizás no beneficiaremos a todos los pacientes afectados por cualquier dolencia, pero es necesario dar oportunidades a los innovadores. Cuando tratamos enfermedades cerebrales, debemos tener una visión más amplia. El cerebro es un órgano muy complejo, que se deteriora con el paso del tiempo. Todavía no sabemos por qué se producen enfermedades neurodegenerativas como el párkinson o el alzhéimer. Creo que el futuro de la salud pasa por combinar dispositivos, fármacos y otras terapias. Que tengan paciencia y conserven una actitud abierta e innovadora para que podamos seguir avanzando en el tratamiento de estas patologías.

 

Hablemos del estudio que les permitió detectar marcadores tempranos de párkinson en la Michael J. Fox Foundation. ¿En qué consistía?

Se trataba de recoger datos mediante encefalogramas de pacientes con problemas de sueño. Aplicamos técnicas avanzadas de machine learning e inteligencia computacional que nos permitieron establecer correlaciones y llegar a una conclusión: ocho años antes de que les diagnosticaran párkinson, el electroencefalograma realizado advertía de que podían llegar a desarrollar esa enfermedad. Técnicas como el electroencefalograma, combinadas con nuevas tecnologías de procesamiento de datos, permiten desarrollar estos marcadores tempranos. Dentro de unos años, nos podríamos colocar un gorro en la cabeza que nos daría pistas sobre nuestra salud cerebral y la probabilidad de desarrollar estas patologías con antelación. En estos momentos, realizamos un estudio más amplio en el que participan 750 pacientes.

 

¿Cómo influiría la prevención en el gasto sanitario?

Todavía no se han creado fármacos capaces de frenar el avance de estas enfermedades. Una alimentación más equilibrada y un estilo de vida saludable podrían ayudar en este sentido. El mundo farmacéutico debería avanzar en paralelo con nuevas tecnologías que permitan diagnosticar enfermedades cerebrales en estadios tempranos y frenar su avance.

 

Tengo entendido que disponen del certificado de uso clínico en Europa para sus dispositivos, aunque creo que están pendientes de recibir la autorización de la FDA. ¿En qué parte del proceso se hallan?

Desde hace un mes tenemos la aprobación de la FDA para nuestro lector de actividad cerebral Enobio, por lo tanto ya lo podemos comercializar en los hospitales americanos. Sin embargo, nos llevará un tiempo lograr esta autorización para Starstim. Al tratarse de un estimulador cerebral, nos exigen hacer un estudio clínico. Esto ya está en marcha: evaluamos e intentamos parar crisis epilépticas, a través de nuestra tecnología, en el Boston Children’s Hospital, donde se trata a niños con esta patología. Tardaremos dos años en finalizar este estudio.

 

¿Y en qué punto está el estudio? Creo que, en paralelo, efectúan un proyecto piloto destinado a pacientes con demencia en la Universidad de Harvard…

Sí, es cierto. Llevamos a cabo ambos estudios, uno en epilepsia y otro en demencia, con el propósito de recoger los datos suficientes para demostrar ante la FDA que esta tecnología funciona. Con la autorización de este organismo, no tendríamos dificultades para convertir el estimulador Starstim en una nueva terapia para aquellos pacientes que lo precisen.

 

La electroestimulación cerebral es eficaz especialmente en el tratamiento de ictus, depresión y alivio de dolores físicos. Con la aprobación de la FDA, ¿se daría paso a nuevos usos clínicos de esta tecnología?

Por supuesto. En América, lo más importante es obtener una primera indicación aprobada. Después, se trata de facilitar datos sobre resultados en determinadas patologías a nuestros partners clínicos.

 

En referencia al Starstim, ¿se podría usar en casa tras el diagnóstico clínico previo? ¿Qué se debería tener en cuenta?

Sí, claro. Hemos detectado que esta tecnología la pueden usar los pacientes a diario, durante las pruebas piloto que hemos realizado en el Instituto Guttmann, de Barcelona, y en la universidad de Harvard. Todos sabemos que la estimulación eléctrica transcraneal tiene efectos prácticos sobre el cerebro. Estas corrientes nanoeléctricas se aplican de manera repetida para que el cerebro aprenda ese tratamiento. El efecto repetitivo es muy importante en el uso de nuestra tecnología. Creo que la aplicación del Starstim durante 20 minutos, en casa, hará el tratamiento más eficaz. Algunos pacientes con lesiones que dificultan su movilidad o enfermedades neurodegenerativas tienen problemas para ir al hospital.

 

¿Cuáles son los mercados donde tienen mejor acogida sus dispositivos Starstim y Enobio?

Nuestros mercados más importantes son Asia, Europa y América con un tercio de facturación en cada uno de ellos. Las motivaciones para conseguir nuevos clientes varían de un mercado a otro. En Europa están muy interesados en adoptar terapias innovadoras y probarlas clínicamente en hospitales y centros sanitarios. En América se destinan más recursos a la investigación y la innovación, de manera que están más interesados en generar evidencias y trasladarlas a las clínicas. En Estados Unidos trabajamos con hospitales y centros de investigación. Algo similar sucede en los países asiáticos.

 

De aquí a finales de año, Neuroelectrics estará presente en varios encuentros internacionales relacionados con la tecnología y la salud. Los días 19 y 20 de septiembre asistieron a Techinnovation 2017 en Singapur (Asia). ¿En calidad de que acudieron al evento, como ponentes o expositores?

Estuvimos presentes con un estand aunque también teníamos una agenda con visitas concertadas. Estos eventos nos sirven para darnos a conocer y establecer nuevos contactos. Nosotros vendemos bastante en Asia.

 

¿Qué nos puede decir del mercado tecnológico de salud asiático? ¿En qué se asemeja o diferencia del europeo?

Yo creo que es un mercado muy interesante; sobre todo por la cantidad de pacientes que tienen. Para que te hagas una idea, hay más enfermos de epilepsia en Asia que en Europa y América juntas. Y se prevé que pasará lo mismo con los pacientes de alzhéimer. La necesidad es enorme y buscan nuevas tecnologías fuera de sus fronteras. Por eso, viajan con frecuencia a América, donde pueden descubrir innovaciones en estos ámbitos. En la actualidad, el asiático es un mercado muy interesante para los fabricantes de tecnología innovadora.

 

¿Es más fácil comercializar productos en Asia que en Estados Unidos donde hay unas barreras de entrada y regulatorias muy importantes?

A mí no me lo parece. El mercado asiático es muy diferente desde el punto de vista cultural. Necesitas un partner o un distribuidor local, sobre todo porque existen barreras idiomáticas. Por el contrario, y desde el ámbito cultural, el mercado americano es muy similar al europeo. Respecto a las barreras regulatorias, los asiáticos se fijan en lo que dice la Food and Drug Administration (FDA) y el mercado americano, más estricto a la hora de autorizar usos clínicos en fármacos y nuevas tecnologías.

 

¿Tienen previsto algún proyecto similar, ya fuere en Estados Unidos o en cualquier otro país extranjero?

En estos momentos participamos en un proyecto, financiado por la UE, en varios centros de países europeos, sobre todo en Alemania. Consiste en un estudio clínico que intenta evaluar la eficacia de estas tecnologías en niños con autismo e hiperactividad.

 

Usted recibió el tercer premio de Mujeres Innovadoras 2014, de manos de la UE. ¿Qué piensa del tópico de que las mujeres emprendedoras lo tienen más difícil para conciliar vida personal y laboral?

Creo que el debate no le concierne solo a la mujer, sino también al hombre y el papel que desempeñe en la familia. Lo más importante es cómo repartes la responsabilidad con tu pareja y los acuerdos a los que llegáis. Aunque la sociedad ha cambiado mucho, se deberían poner más facilidades en cuanto a horarios, ayudas, etc. Se debería apoyar más a los hombres y mujeres que quieren cambiar estos estereotipos. Sigo pensando que las mujeres somos capaces de llegar hasta donde queramos.

 

A pesar de los recortes en I+D, ¿qué consejo les daría a los jóvenes investigadores y científicos que se plantean poner en marcha una startup?

Si esa startup se fundamenta en una buena investigación, yo les diría que siguieran adelante. Les aconsejaría no emprender solos y buscar aliados, entre investigadores o emprendedores conocidos. El camino es largo y si uno está respaldado por un buen equipo, el proceso es más fácil. Y, sobre todo, no deben ponerse barreras. Uno de los defectos de los españoles es que nos centramos demasiado en nuestro país. Es necesario buscar apoyos fuera, si aquí no los tienes. Por lo tanto, recomiendo contar con un capital inicial, buscar aliados y mantener una visión global. Eso ayudará a darle dimensión al proyecto.

 

Y ya para acabar, ¿existe futuro para la investigación y la ciencia en España? ¿Cómo podemos evitar la fuga de cerebros a países extranjeros?

Los cerebros se van porque aquí no hallan las oportunidades que esperan. El hecho de que investigadores y científicos, altamente cualificados, se fuguen, también les aportará cosas buenas. Por ejemplo, unos conocimientos, una experiencia y una red de contactos muy válidos para el país. Siempre que regresen, claro. Yo creo que no debemos dramatizar al respecto y verlo desde una óptica más positiva. El quid de la cuestión es generar las condiciones idóneas para asegurarse de que vuelvan. Así se puede aprovechar lo beneficioso de la experiencia vivida fuera de nuestras fronteras.