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El precio de nuestros datos

El precio de nuestros datos

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En general, somos bastante celosos (o creemos serlo) con nuestros datos personales. Pero no tanto en lo que se refiere a compartir nuestras preferencias y aficiones.

Mientras seguimos indicando qué nos gusta en plataformas sociales como Facebook, Twitter e Instagram, el uso de aplicaciones específicas para compartir logros o actividades diarias aumenta.

De una manera u otra, estamos compartiendo información de carácter personal que alguien puede utilizar. El quid de la cuestión está en hasta qué punto estamos dispuestos a dar nuestros datos y a cambio de qué.

Que Google sepa dónde estamos y dónde queremos ir nos parece aceptable si a cambio, además de guiarnos, nos indica cuál es el mejor camino y cuánto vamos a tardar en llegar. De ahí el éxito de Google Maps.

En cambio, que una ecommerce conozca cómo hemos llegado a su tienda, cuánto tiempo hemos estado en ella, cuántas páginas hemos visto y si hemos finalizado nuestra compra o no, para que en caso de no haberlo hecho nos puedan mostrar publicidad en otras webs que visitemos posteriormente, no acaba de ser del agrado de la mayoría de internautas compradores.

Imaginemos ahora que entramos en una tienda de artículos deportivos en la que nunca antes habíamos estado. Al vernos, el dependiente se acerca, se dirige a nosotros por nuestro nombre y nos dice que tiene las zapatillas deportivas que necesitamos. Obviamente, son de nuestro número y marca favorita. Y todo ello sin que nosotros hayamos articulado palabra más allá de responder educadamente al saludo inicial. Lo mejor de todo es que, al traernos las zapatillas, la probabilidad de acierto es muy alta.

Puede parecer ciencia ficción, pero no pasará mucho tiempo hasta que esta situación se convierta en habitual.

Cada vez existen más smartwatches o pulseras tipo Fitbit y aplicaciones de fitness y salud para el móvil que monitorizan las actividades cotidianas, los ejercicios físicos y hasta las horas de sueño, y nos ofrecen información para mejorar nuestros hábitos saludables.

Información que, en un momento dado, y con la autorización del usuario, puede ser leída por unos dispositivos especiales (beacons), estratégicamente distribuidos por la tienda, ser procesada y enviada en tiempo real al móvil o tablet del dependiente.

Igual que en su día hubo quien vaticinó que el ecommerce no sería una amenaza para el comercio tradicional porque el usuario no estaría dispuesto a comprar sin tocar el producto y sin poder llevárselo bajo el brazo y se equivocó, habrá quien afirme que la tecnología nunca podrá suplantar el placer de salir de compras, descubrir qué hay en la tienda y decidir sobre la marcha. Y tendrá razón porque no se trata de sustituir sino de encontrar el valor que el usuario considera lo suficientemente relevante como para estar dispuesto a ceder sus datos a cambio.

Google Maps aporta valor a sus usuarios, mientras que el remarketing sin más, que practican la mayoría de las tiendas de comercio electrónico, no aporta nada relevante. ¿Y la moderna tienda de artículos deportivos? Habrá que verlo, pero, en cualquier caso, dependerá de cuál es el precio que cada uno de nosotros ponemos a nuestros datos.

Kim Ruiz

Consultor Ecommerce y Marketing Digital


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