Saltar al contenido
SomosBiz

¿Han falsificado tu firma alguna vez?

¿Han falsificado tu firma alguna vez?

[vc_row css=”.vc_custom_1445508968419{margin-bottom: 0px !important;}”][vc_column][vc_column_text css=”.vc_custom_1445507518888{margin-bottom: 30px !important;}”]

En primer lugar, quisiera aclarar la diferencia que existe entre dos términos que a menudo se prestan a confusión: grafología y pericia caligráfica.

La grafología es una técnica que estudia y analiza la escritura manuscrita con el objeto de describir y explicar la personalidad (carácter) del individuo, mientras que la pericia caligráfica es una técnica cuya finalidad es la de identificar la autoría de un grafismo (firmas, manuscritos, anónimos). Por lo tanto, el perito calígrafo no indaga en absoluto sobre cómo es la persona, sino que su interés se basa exclusivamente en dictaminar sobre la veracidad de un grafismo.

Del mismo modo hay que puntualizar que son estudios distintos, aunque por supuesto en ambos casos tenemos como elemento común la escritura. Así pues, un grafólogo puede no ser perito calígrafo al igual que un perito calígrafo no tiene por qué ser grafólogo. Todo y así, si se da junto siempre se tienen más recursos en los que apoyarse, tal y como sucede en cualquier otra materia: todo suma y es bienvenido.

A muchos de nosotros es posible que alguna vez nos hayan falsificado la firma y que quizás ni siquiera nos hayamos dado cuenta. Hemos de suponer (esforzándonos un poco en ser positivos) que no ha tenido mayor transcendencia, bien sea porque ha quedado en una simple broma o bien porque el tema no ha llegado a obstaculizar ninguna cuestión de relevancia que nos haya perjudicado.

En los últimos años, en plena época de crisis, las personas tentadas de hacerlo no han tenido demasiados miramientos en convertirse en falsarios. Hoy día podemos encontrar falsarios en obras de arte, en firmas de talones bancarios, en firmas y/o textos de testamentos y, desgraciadamente, en un largo etcétera con tal de conseguir dinero y poder.

La escritura en general la estudiamos en base a cuatro pilares que se relacionan entre sí: el espacio, el trazo, la forma y el movimiento. Precisamente la forma es el elemento más consciente y lo que el falsario puede cambiar o imitar con más facilidad; sin embargo es prácticamente imposible mantener la atención en todos los aspectos a la vez. La huella plasmada, normalmente sobre el papel, corresponde a una forma determinada de sujetar el útil y a un apoyo específico y único de cada persona, pues todo ello depende del funcionamiento de los distintos músculos de la mano y del antebrazo, así como de las conexiones nerviosas que intervienen en el acto de escribir.

Para poder hacer el estudio comparativo correcto entre una firma o escritura auténtica y una firma o escritura dudosa, es imprescindible valorar siempre los documentos originales, porque el trazo, uno de los elementos más importantes para poder concluir un dictamen, se observa a través de lupas y microscopios que nos facilitan una visión interna de la tinta. Así podemos ver si el trazo está totalmente entintado (como por ejemplo el forro de una chaqueta) o más bien calado (como una gasa semi transparente) o algo emborronado, qué tipo de fuerza realiza la persona al firmar, marcando mucho o poco la hoja del papel por detrás, con qué tensión, etc. Por supuesto que finalmente será la valoración de conjunto de los cuatro pilares lo que nos dé una conclusión certera.

Puesto que la escritura está sometida a la influencia directa del cerebro, una escritura imitada nunca puede ser espontánea, por lo que el falsificador tropieza con sus movimientos involuntarios que lo delatan.

Àngels Duelo

Grafóloga.