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Autoengaños

Autoengaños

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Sospecho, de manera fundamentada, que nos autoengañamos con facilidad. El autoengaño forma parte de nuestras vidas pero no nos damos apenas cuenta de su existencia. Nos autoengañamos cuando pensamos, por ejemplo, que los culpables de nuestros fracasos son los demás. También practicamos el autoengaño cuando no somos sinceros al hacer balance de nuestra vida personal o profesional. Tenemos tendencia a no ser suficientemente críticos. Una frase clásica de las personas que se autoengañan de forma patológica es “no me arrepiento de nada”. ¿Cómo puede alguien no arrepentirse de nada? Confieso que, personalmente, me arrepiento de muchísimas cosas. No pasa nada por reconocerlo, la vida sigue igual. Igual, pero sin autoengaños.

Le invito a hacer el siguiente ejercicio: ¿qué nota le pondría a su vida? Un cero implicaría un absoluto fracaso y un diez sería el más rotundo de los éxitos. Atrévase y califíquese. Evite recurrir a la solución fácil del cinco. Es importante ser crítico con uno mismo y, desde luego, sincero. Un cuatro, por ejemplo, puede ser una gran nota si tenemos planes para conseguir el cinco o el seis (aprobados) en un cierto tiempo.

Vivimos, es cierto, en una cultura donde todos queremos triunfar. Parece que quien no lo logra tenga que acabar sus días en el infierno. Es verdad que todos estamos presionados por nuestro entorno para mejorar, ganar dinero, tener posesiones y un sinfín de cosas más. Vale la pena entonces preguntarse si llenamos el saco por fuera (riqueza, etc.) o por dentro (desarrollo personal y felicidad). Seguramente una vida completa es la que combina inteligentemente los dos sacos: estabilidad económica pero, en especial, estabilidad emocional y existencial.

Le propongo una actividad que quizá no ha hecho nunca. Dedique unas horas a pasear por el bosque y plantearse, honestamente, las preguntas y reflexiones formuladas más arriba. Procure eliminar los autoengaños, ya sabe: dar la culpa a los demás, racionalizar en extremo, buscar excusas, culpar a la crisis económica…

Pero lo más importante, sea cual sea su veredicto, es que trace planes emocionantes. La vida no es vida sin retos, sin intenciones, sin planes apasionantes. Hay que vivir el momento, es cierto, y disfrutar de cada bocanada de aire fresco. Pero también es interesante dibujar nuestro futuro, atender a nuestros sueños y desatar nuestra imaginación hasta el límite.

Creo que en las escuelas, además de aprender que Roma es la capital de Italia, se debería enseñar a los niños y niñas a desarrollar un proyecto de vida. A mí nadie me enseñó y tuve que hacerlo solito.

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Franc Ponti
Profesor de innovación en EADA Business School