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Sin comunicación las marcas compiten a oscuras

Sin comunicación las marcas compiten a oscuras

La comunicación es como la electricidad, sin ella las empresas van a ciegas, no tienen visibilidad, lo que indudablemente les sitúa en una posición de desventaja frente a sus competidoras. No es cuestión de invertir grandes cantidades de dinero en poner bombillas y focos para que una marca destaque. Simplemente con la iluminación adecuada se puede conseguir la visibilidad necesaria para que el público objetivo se fije en ellas.

La comunicación es una herramienta que se diseña a medida de las necesidades de las compañías, por lo que da igual su tamaño y presupuesto, todo es adaptable y aunque no sea un camino de corto recorrido a la larga el incremento de las ventas llega. Por eso hay que insistir en la necesidad de contar con un buen plan de acción que ayude a las pymes a destacar y potenciar sus atributos. Algo imprescindible en una sociedad en la que cada día nacen nuevas iniciativas empresariales que compiten a nivel mundial. Es evidente que los consumidores no pueden retener y acordarse de la mayoría de estas propuestas, por eso hay que ser constante y lo más creativo posible para crear muchos impactos y aumentar así las posibilidades de que nos recuerden.

Existen muchas formas de llegar al cliente potencial: publicidad, aparecer en los medios de comunicación como protagonistas de las noticias, a través de las redes sociales, apostar por una estrategia de street marketing, crear un vídeo corporativo, etc. Pero si hay algo que no debe faltar a ninguna de estas acciones es la emoción. Existen muchos estudios que demuestran que el nivel de exigencia del consumidor es muy elevado y que ya no bastan los argumentos ni las cifras, sino que hay que apelar a los sentimientos.

La neurociencia se ha convertido en la aliada de muchas agencias de comunicación que planean estrategias pensando en cómo pueden influir en las decisiones de compra de su público. Eso sin olvidar lo importante que es que las marcas aprendan a, por ejemplo, no dejarse llevar por la pasión y respondan de malos modos a los comentarios negativos en las redes sociales. En otras palabras, hay que apelar a las emociones pero manteniendo la mente fría.

La palabra felicidad se ha convertido en la palabra favorita de las marcas. ¿La razón? Mueve dinero. Esto lo sabe bien Coca Cola y McDonald’s, pero también los fabricantes de turrones o las aerolíneas que explotan este leitmotiv en todas sus campañas navideñas. Porque apelando a la felicidad se puede vender absolutamente todo.

Si las empresas se convierten en lovemarks, es porque generaran emociones que hacen que el cliente potencial se identifique y hable de ellas, creando un efecto contagio. ¿Quién no quiere ser feliz? La clave está en conseguir que el público alcance este sentimiento, desde campañas de publicidad hasta pequeñas promociones en los puntos de venta, pasando por las redes sociales que, a fin de cuentas, son en parte culpables de que el consumidor espere algo más que un servicio de una marca. Quiere que les enamoren.

Aprender a controlar las emociones en momentos de crisis comunicativa o ante cualquier imprevisto es básico para cualquier empresa que no quiera poner en peligro su reputación corporativa. En estos casos es conveniente contar con un plan de comunicación prefijado que sirva como guía estándar y permita a la compañía actuar de forma rápida y eficaz. Porque en la mayoría de las crisis el tiempo acostumbra a ser el principal enemigo de las marcas.

No obstante, las crisis de imagen también pueden darse en el seno interno de la empresa, en estos casos estaríamos hablando del ámbito de la comunicación interna y no por ello hay que darle una menor importancia. Los trabajadores deben ser los primeros prescriptores de las marcas por lo que la necesidad de que estén informados es vital para frenar los rumores infundados que pueden afectar al ratio de productividad de la compañía. Potenciar la felicidad del empleado es el primer paso para que él proyecte este sentimiento al público de forma inconsciente, voluntaria y gratuita. ¿Qué más se puede pedir?

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Raquel Coba

Equipo de www.agenciasdecomunicacion.org