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Idéa, eidos, morphe

Idéa, eidos, morphe

Platón desarrolló la teoría de las ideas desde un concepto abstracto de idea inmaterial, eterna a la idea de las “cosas”. Quizá estoy asesinando la filosofía platónica, sin embargo, me sirve como recurso para acercarla al mundo de la creación de empresas y de las startups.

Se trata de pasar de la idea abstracta —idéa—, a una idea concreta con forma —morphe—. Normalmente los emprendedores y visionarios son máquinas de imaginar. En sus mentes las ideas surgen a borbotones, sin orden ni concierto, y si el entorno es el adecuado, es decir, sábado noche con los amigos después de una cena agradable y quizá con alguna copita añadida al postre, los resultados son absolutamente fantásticos. La cantidad de ideas y visiones son directamente proporcionales a las copas tomadas. Tradicionalmente, esas ideas quedan escritas en un trozo de papel, en servilletas emborronadas a grandes trazos y con el invento en mayúsculas. Al día siguiente, y los días que seguirán al día siguiente, será necesario empezar a desarrollar esas mayúsculas.

¿Cuál es el caballo ganador?

Todos los días surgen millones de ideas en todo el mundo, pero solo una pequeña cantidad de ellas avanzarán más allá de la servilleta, y de esas solo unas pocas acabarán teniendo morphe, y de todas ellas pocas, poquísimas tendrán éxito.

Entonces, la gran pregunta que seguramente se haría Platón si viviera sería ¿cuáles son las claves del éxito?, ¿qué hace que unas triunfen y otras fracasen?, y como dirían los modernos anglosajones ¿cuáles son los drivers?

La respuesta, amigo, is blowing in the wind, maravillosa canción de Bob Dylan. No hay una receta mágica que lleve al éxito emprendedor, es una combinación de fármacos, unida a una conjunción astral determinada y a mucho, muchísimo trabajo, horas y horas, a momentos durísimos, momentos dulces, suerte, talento, visión y, por encima de todo, un equipo brillante. Una mala idea con un buen equipo puede sobrevivir. Una idea brillante con un equipo malo, seguro que acaba muriendo.

Los errores del emprendedor

Es el momento de dejar de filosofar y pasar a la concreción. ¿Qué es aquello que el emprendedor debe evitar?

– Ser soberbio.
– No haber contrastado la idea con todo el mundo antes de empezar.
– Enamorarse locamente de la idea (el amor es ciego).
– Llegar a la conclusión de que el mundo está contra él y que todo el mundo va en contradirección.
– Que su proyecto no sea escalable, tanto desde el punto de vista de desarrollo de negocio como de la financiación.
– Saltarse los pasos establecidos, porque hay que subir los peldaños de uno en uno.
– Empezar con un gran despliegue de medios, derrochando más que gastando.
– Pensar que su plan de negocio se cumplirá porque “yo lo digo”. Seguramente los gastos se cumplirán, y los ingresos quedarán muy lejos.
– Confiar en que los inversores harán cola para poner su dinero en su negocio, sin hacer muchas preguntas y casi pidiéndolo por favor.
– No tener un equipo, compenetrado, multidisciplinar y volcado cien por cien en el proyecto.
– No haber preguntado al mercado si el “invento” era interesante y necesario o pudiera ser interesante y necesario en un futuro próxim.
– Adelantarse o atrasarse al mercado.
– No validar el modelo de negocio. Seguramente lo tendrá que cambiar, modificar y adaptar muchas veces.
– Pensar que “el invento” vale una millonada, simplemente porque algo parecido en Silicon Valley vale una millonada.
– Y, sobre todo, pensar que la ejecución es lo de menos, lo importante es su idea, su brillante idea.

Desde mi experiencia como inversor, esos son los errores en los que un emprendedor no debe caer. Dejo lo que hay que hacer en el aire para que cada uno piense y reflexione, con el objetivo de pasar con éxito de la idea abstracta a un proyecto concreto y con forma.

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Christian Fernández