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Del ‘ elevator pitch ’ al ‘ pecha kucha ’

Del ‘elevator pitch’ al ‘pecha kucha’

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Muchos son los modelos o las dinámicas que cada día intentamos poner en práctica para vender nuestros productos o servicios de la manera más sencilla, breve e impactante ante un posible cliente, inversor o colaborador.

Los emprendedores y micropymes prueban constantemente las diversas técnicas para saber cuál es la que puede obtener mayor impacto y reclamo, y conseguir despertar el interés de aquellos que nos escuchan.

Pero como en todas técnicas existen algunas que funcionan mejor y que crean auténticos movimientos sociales y eventos exclusivamente para desarrollar y potenciar estas opciones de presentación.

Durante mucho tiempo hemos estado utilizando y llevando al máximo nivel la técnica del elevator pitch, que se ha convertido en un gran aliado de todos aquellos que buscan diferenciarse de sus competidores.

Sobre la base de ser una presentación exprés que dura algo menos de 2 minutos o el equivalente a un viaje en ascensor, debemos ser capaces de dar respuesta a lo esencial de nuestro proyecto:

– Definir el proyecto: cuál es el producto o servicio, cuál es su público y qué necesidad va a cubrir o satisfacer.
– Responder a cuestiones comunes sobre el mercado objetivo, cómo impacta económicamente en él y cuál es el posible retorno para un inversor o comprador.
– Definir cuál es la propuesta de valor ante los demás y por lo que te diferencias.
– Cuál es el modelo de negocio que va a hacer que sea rentable.

Gestionando bien el tiempo (escasos 120 segundos) y estructurando de manera ordenada cada una de las ideas, podemos conseguir un elevator pitch que nos posicione de manera positiva y que capte la atención de quienes nos escuchan.

Pero esta mecánica, que ha sido de una productividad máxima para los que la practicaban como para aquellos que organizaban concursos, eventos y rondas de business angels, se ve amenazada por otra dinámica que entra con fuerza en nuestro país (todo y ya llevar un par de años haciéndose hueco entre empresas y empresarios).

Esta nueva dinámica de origen nipón es el pecha kucha (o pechakucha) y, aunque es mucho más larga en tiempo de exposición, es más concreta en su disposición.

El pecha kucha, también llamada la dinámica del 20×20, se basa esencialmente en transmitir el proyecto de manera más visual. Cada ponente proyecta 20 imágenes o diapositivas y dispone de 20 segundos para explicar cada una de ellas. El total de la presentación es de 6 minutos con 40 segundos, y es el tiempo que se dispone para desarrollar todo el proyecto completo.

Para conseguir una buena presentación pecha kucha, hay que tener algunos conceptos en consideración:

– Las imágenes o diapositivas deben ser muy visuales, sin apenas texto, que evoquen conceptos de manera intrínseca.

– Definir bien la estructura básica de la presentación dividiendo perfectamente los apartados que contendrán. Lo más aconsejable es hacer 4 apartados que corresponderían a 5 diapositivas por cada uno de ellos.

– Cada apartado tiene que conseguir responder las preguntas básicas del proyecto, de manera similar a como lo hacíamos en el elevator pitch.

– Probar, probar y probar. Tener 20 segundos por imagen significa que tenemos que saber controlar bien el tiempo de cada una de ellas y los mensajes que queremos transmitir.

A partir de esta nueva (o no) dinámica de presentaciones, conseguimos ir al grano de nuestra exposición, no divagar, centrarnos en lo concreto e importante, descartando lo superficial y buscando la máxima atención de nuestros receptores, tanto en las imágenes como en los mensajes.

En ninguna de las dos mecánicas podemos improvisar. Tenemos que estar preparados, ensayados y ser conscientes de lo que queremos explicar y conseguir con la presentación. No podemos dejarnos envolver por los nervios o el pánico escénico, pues las ocasiones que tenemos para poder hacer este tipo de intervenciones e impactar en un gran número de posibles clientes o colaboradores de una misma vez, no suelen ser abundantes.

Elijamos la que elijamos, ambas mecánicas han de ser cuidadosamente elaboradas. Aprovechemos las ocasiones y animémonos a contar nuestra historia.

Dolors Guillen

Publicista y CEO en InBox Publicitat


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