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Simplificar en el consumo, y más allá

Simplificar en el consumo, y más allá

Ken Segall es el campeón de la simplificación. Ha sido la mano derecha en la creación publicitaria de Stephen Jobs durante 12 años y fue el creador de la letra “i” utilizada en los nombres iPad, iPhone, iBook y iPod, cogiendo la i de tres palabras: Internet, Individual, Imaginación. Hace unos días pudimos ver y escuchar a Ken Segall en Barcelona.

Algunas píldoras de su mensaje: “ser simple no es simple”; “lo más importante es percibir la simplicidad, sin que necesariamente lo sea”; “la falta de simplicidad produce ansiedad, frustración, miedo a perder, aburrimiento, pérdida de interés”; “se progresa eliminando cosas superfluas”. Trabajar en la simplificación da mucho trabajo y mucha satisfacción, porque los resultados siempre son buenos. Simplificar es resumir la complejidad en algo manejable, es acercar las cosas complejas a quien no podría entenderlas o asumirlas, es hacer el mundo más fácil y razonable. Todos queremos disfrutar de las cosas complejas y renunciamos a entender por qué pasan. Desde el momento en que viajar en avión es un hecho habitual, nadie se pregunta qué es el efecto Venturi y el principio de Bernoulli, gracias a los que navegamos por el aire continuamente.

Las organizaciones complejas de cualquier tipo deben centrar su talento y gestión en el enfoque de la simplificación.

Cuando las respuestas de las organizaciones son complejas, se apartan del cumplimiento de su misión y generan burocracia y frustración. Los monopolios (permanentes o temporales), las administraciones, los mercados sin competencia tienden a generar complejidades y borran la simplificación y comprensión por parte de sus clientes o usuarios. Cuando a veces criticamos a los gestores de las administraciones, estamos manifestando nuestra protesta por la falta de sensibilidad en la simplificación.

Y el consumidor también quiere simplificación y esto se resume en las estrategias de los que deciden qué se ofrece en el lineal de su tienda. El comprador acepta el producto en el momento de su compra por dos razones muy simples: 1) porque confía en la recomendación que le hace la tienda, o 2) porque confía en la marca que el fabricante ofrece. Tener todas las opciones disponibles en el mercado para comprar una simple pasta de dientes, un detergente o una naranja llevaría a una complejidad que detendría al comprador y generaría frustración en su elección dudando si la compra finalmente decidida era la mejor.

En política, la simplificación de los mensajes de los líderes gana siempre sobre los mensajes complejos y poco comprensibles.

Los procesos de negociación y equilibrios en las votaciones con las lógicas de mayorías y minorías en los distintos órganos de representación política son irrelevantes para la ciudadanía que quiere mensajes simples y comprensibles para poder decantarse en su opción. Y después toca la gestión, que debe ser eficiente y verse como eficiente. La transparencia no lo es sin una buena simplificación. Explicar abiertamente cosas complejas sin simplificación sirve de justificación de comportamientos, pero no sirve para decantar opiniones favorables.

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Gabriel Izard

Economista