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Los riesgos financieros de la empresa

La contabilidad nos puede ayudar a prevenir estos riesgos, si bien el análisis cuantitativo puede ser insuficiente.

Los riesgos financieros de la empresaPodemos distinguir los riesgos económicos de los financieros por cuanto los primeros están asociados a la creación de valor, en definitiva, a la rentabilidad empresarial. En cambio, los riesgos financieros son los que se refieren al riesgo en la forma de financiarse.

La rentabilidad económica nos muestra la capacidad de generación de beneficios, antes de deducir los intereses de la deuda y el impuesto de sociedades, respecto a la inversión en el activo. A su vez, la rentabilidad financiera se puede definir como cociente entre el beneficio, una vez deducidos dichos intereses e impuesto, y el patrimonio neto.

El apalancamiento nos mide la capacidad de la empresa para aumentar sus beneficios mediante el mantenimiento de ciertos costes, los fijos (apalancamiento operativo) o bien por medio de crédito (apalancamiento financiero). En el primer caso, el aumento de los costes variables, permaneciendo fijos los demás, permite un crecimiento del beneficio por encima del de los costes, y en el segundo, la financiación ajena nos posibilita aumentar el beneficio por encima del aumento del coste de dicha deuda. El apalancamiento operativo puede calcularse por el cociente entre el aumento del EBIT (beneficio antes de impuestos e intereses) y el aumento de las ventas. Su valor superior a la unidad nos indica que conseguimos un aumento del beneficio superior al aumento de las ventas. Ello es debido a que ciertos costes tienen el carácter de fijos y solo se ven alterados por el aumento de las ventas los variables.

Alternativamente, el apalancamiento financiero nos muestra la capacidad de la empresa para generar beneficios, deducidos intereses de la deuda e impuesto de sociedades, superiores al aumento del EBIT o beneficio antes de intereses e impuesto de sociedades. Su valor superior a la unidad nos muestra que se ha conseguido aumentar el beneficio neto mediante el aumento del EBIT. Ello viene causado por el uso del crédito a un tipo de interés tal que nos permita aumentar el beneficio neto.

 

La posición competitiva de la compañía, la calidad de su capital intelectual y la situación del sector y del mercado en general, nos ayudarán a cuantificar los riesgos de la empresa.

 

Las empresas utilizan el apalancamiento para aumentar su rentabilidad sea en términos de rentabilidad económica o financiera. Pero, un uso excesivo del apalancamiento financiero puede suponerles situaciones de iliquidez o incluso llegar a la insolvencia (dificultades o imposibilidad de atender sus deudas a su vencimiento). Por tanto, se debe maximizar el apalancamiento financiero minimizando el riesgo de insolvencia o riesgo de quiebra.

Tipos de riesgo

Se suelen clasificar los riesgos financieros empresariales en:

– Riesgo operacional: es el asociado a la operativa propia de la empresa, a los fallos y deficiencias en los procesos. Normalmente se origina en las actividades y actitudes de los empleados y directivos, en el deficiente diseño de la estructura interna o de las relaciones con clientes, proveedores y colaboradores de los sistemas de información, en una excesiva dependencia de regulaciones legales, de los cambios tecnológicos o los hábitos de consumo.

– Riesgo de mercado: se refiere al provocado por factores externos a la empresa tales como las fluctuaciones de los tipos de interés, de los tipos de cambio, de la inflación, de la tasa de crecimiento, de las cotizaciones de las materias primas y de las cotizaciones bursátiles.

– Riesgo de crédito: refleja la posibilidad de que se incumplan obligaciones de terceros con la empresa, lo que puede producir pérdidas de liquidez e incremento de los gastos causados por el cobro de estos impagos. El riesgo puede evitarse o minorarse mediante la contratación de seguro de crédito.

– Riesgo de liquidez: puede originarse bien por la imposibilidad o la dificultad en realizar un activo por un precio adecuado, o bien por la dificultad en atender los créditos a su vencimiento a un precio adecuado. De hecho, debería denominarse riesgo de iliquidez.

– Riesgo de insolvencia: es el asociado a la situación en que la liquidez de la empresa no permite hacer frente a sus obligaciones, atender sus deudas.

La contabilidad nos puede ayudar a prevenir estos riesgos, unos más que otros. Ello dependerá del tipo de riesgo. Así, el de crédito, de liquidez y de insolvencia son muchas veces detectables a través de un análisis de la contabilidad o incluso, de las cuentas anuales. Por el contrario, el operacional y el de mercado deberán detectarse por el análisis de otros documentos o informaciones de la propia empresa o del mercado. La facilidad en obtener la información dependerá del tamaño, y del sector de actividad de la empresa. Así, las empresas que cotizan en mercados de capitales habitualmente deben suministrar periódicamente informaciones exhaustivas que pueden ayudar al observador externo a detectar sus riesgos, entre otras, estados financieros intermedios, informaciones relevantes, informes anuales de gobierno corporativo, e informes anuales de remuneración de los consejeros. Deberemos también tomar en consideración los objetivos concretos de la empresa, y, sobre todo, si son a corto o largo plazo y su ámbito de actuación, sea local, nacional, multinacional o transnacional (sujeta a ordenamientos e intereses de distintos países).
Las Cuentas Anuales incluyen en España el Balance, la Cuenta de Pérdida y Ganancias, el Estado de Cambios en el Patrimonio Neto, el Estado de Flujos de Efectivo y la Memoria. Juntamente con el Informe de Gestión, constituyen los elementos básicos de información financiera, si bien las pequeñas y medianas empresas solo están obligadas a formular el Balance, la Cuenta de Pérdidas y Ganancias y la Memoria.

El análisis de los riesgos

Dependerá de a quién debe servir. Si lo utiliza un agente externo a la empresa (acreedor, competidor, entidad pública, entre otros), solo se tendrá acceso a documentos de carácter público, sean las Cuentas Anuales publicadas en el Registro Mercantil, sea información de cotizadas publicada en las Bolsas de Valores, sea otra información que voluntariamente ha publicado la propia empresa. En este caso, para analizar el riesgo de liquidez y de insolvencia, el documento básico de análisis será el Balance, que distingue los activos según su plazo de realización y los pasivos según su plazo de exigibilidad. Existen numerosos ratios o cocientes de magnitudes que nos pueden ilustrar sobre la situación financiera de la empresa, el más conocido el de liquidez denominado prueba de ácido, que se obtiene por el cociente del activo circulante, deducidas las existencias, entre el pasivo circulante. Cuando nos referimos a circulante, aludimos a aquellos activos o pasivos que son realizables o exigibles dentro del ejercicio económico, normalmente dentro del plazo de doce meses. Este análisis sirve más para comparar distintas situaciones temporales de una misma empresa que distintas empresas, dado que la estructura financiera adecuada varía mucho de uno a otro sector. Hay empresas (habitualmente las que tratan directamente con el consumidor final), que pueden financiarse por los cobros al contado de clientes, mientras que otras realizan los saldos de clientes a largo plazo. Ello puede suponer en el primer caso un activo circulante muy superior al pasivo circulante y viceversa en el segundo. Además, el corto plazo no distingue los vencimientos dentro del año, por lo que puede haber situaciones en las que los indicadores de liquidez o solvencia basados en magnitudes a corto plazo (circulante) nos muestren una situación de normalidad y, sin embargo, no se puedan atender obligaciones de vencimientos de créditos anteriores a los de los activos realizables. A veces puede corregirse este error de análisis mediante la lectura detallada de la memoria, en la que sí que aparecen determinados vencimientos. También destacamos que en la memoria debe incluirse el período medio de pago a proveedores, lo que puede ayudar al acreedor en su revisión de las Cuentas Anuales del deudor, si bien la exclusión de otros acreedores como los financieros o los públicos puede desvirtuar la imagen obtenida. Si la empresa está obligada a emitir informe de gestión, deberá incluir en el mismo una descripción de las principales riesgos e incertidumbres a los que se enfrenta.

 

Un uso excesivo del apalancamiento financiero puede llevar a situaciones de iliquidez o incluso a la insolvencia.

 

Existen también indicadores o predictores basados en la relación entre distintos saldos de las cuentas del Balance. El más conocido, la Z de Altman, relaciona en una de sus últimas versiones el Capital Circulante (Activo Circulante menos Pasivo Circulante) con el Activo, Pasivo, el EBIT, los Beneficios no distribuidos y el Patrimonio Neto (Activo menos Pasivo). Habiéndolo aplicado a empresas españolas de las provincias de Madrid y Barcelona en la versión del Catedrático Oriol Amat hemos constatado que puede ser un buen predictor para detectar situaciones de insolvencia. Existen actualmente otros indicadores, así como webs especializadas, que pueden ayudar al investigador a detectar este tipo de situaciones. También puede acudirse a los datos de la Central de Balances del Banco de España, que compara los datos financieros de las empresas no financieras por sectores de actividad y tamaño.

De todos modos, el análisis cuantitativo puede ser insuficiente, sobre todo si se intenta analizar el funcionamiento de la empresa a largo plazo. En especial, cuando se dan casos de maquillaje de las Cuentas Anuales o situaciones en que las empresas mejoran su liquidez realizando activos fijos o reduciendo inadecuadamente sus existencias, y ello exige poder obtener información adicional a la de las Cuentas Anuales. La posición competitiva de la compañía, la calidad de su capital intelectual (en sus especialidades de humano, estructural u organizativo y relacional), y la situación del sector y del mercado en general, nos ayudarán a cuantificar los riesgos de la empresa, en especial el que hemos denominado operacional y el de mercado.

Raimon Casanellas

Socio-Director de Insolnet