Decía el famoso inversor estadounidense Peter Lynch que “ invertir sin información y análisis era como jugar al póquer sin ver tus propias cartas ”. Lo cierto es que para muchos inversores este ha sido su modus operandi durante mucho tiempo hasta la democratización del mundo de la información y la difusión, gracias a las nuevas tecnologías, de las herramientas de análisis.

El problema al que se enfrenta ahora el inversor no es tanto el de invertir sin tener información, sino mas bien el de qué información usar, cómo y en beneficio de qué. Aquí es donde el inversor sin formación se suele perder y no sacar la máxima rentabilidad a esa inmensa fuente de valor. Es normal, la era de la información nos sitúa frente a un nuevo paradigma, el de contar con las herramientas necesarias para procesar la ingente información a la que estamos sometidos en cualquier tema para ser capaces de separar lo relevante de lo accesorio, lo que tiene fundamento de aquello que solo es ruido informativo.

Lo primero que debe conocer un inversor es que la información pública sobre las empresas, relativa a sus estados financieros, se puede encontrar en multitud de páginas web. Pero, para ser certeros, debemos buscar la información que se presente en ‘Trailing Twelve Months’ (TTM –por sus siglas en inglés–, últimos 12 meses). Si es así, la información que se estudiará será la más actualizada posible y los ratios analizados no serán los que resultarían de tomar una foto a cierre de año fiscal, sino que las cifras corresponderán con el valor a día de hoy respecto de 52 semanas atrás. Esto nos aportará una radiografía real del valor de la compañía.

Una vez que el inversor goza de la información adecuada, se enfrenta a la decisión más difícil: ¿cómo decidir en qué empresa invertir entre las miles y miles que hay en el mercado? La respuesta es sencilla: utilizando el método de screening, tal y como hacen la mayoría de profesionales. Esta técnica consiste en un filtrado del universo de acciones disponibles de acuerdo a unos ratios preestablecidos.

Con esta herramienta de screening podremos identificar aquellas empresas que cumplan unas ciertas características como, por ejemplo, aquellas que tengan un PER bajo y un F-Score alto; o cualquier otra de las combinaciones que se desee. Al realizar esta operación, el inversor podrá centrarse en una muestra de acciones más pequeña y dedicar así mayor atención individualmente a cada una de ellas.

Pero claro, ¿qué criterios utilizamos para hacer nuestro screening? Para saberlo, además de estudiar el trabajo de los grandes inversores de la historia y empaparnos de papers de investigación, debemos utilizar el backtesting. Esta técnica consiste en testear el comportamiento en el mercado de una estrategia, ya sea en los últimos 5, 10, o 15 años, antes de emplearla, y permite al usuario conocer si la aproximación que está usando es correcta y si el modelo tiene los resultados deseados. Lo importante es testearla y adaptarla a las propias características y necesidades de su cartera.

Con todas estas herramientas, el inversor puede estudiar en retrospectiva las estrategias que mejor se adapten a sus intereses y perfil de inversión. Además, algunas de estas herramientas nos permiten deducir los gastos de compra-venta de las acciones para no sólo tener una aproximación al resultado, sino que éste sea lo más preciso posible. Al igual que también se puede seleccionar la frecuencia de rotación de la cartera.

Una vez estudiada la estrategia, se volverá a acudir a una herramienta de screening para encontrar las acciones que se adaptan a los criterios, a esos que nos han convencido y que deseamos aplicar.

Contando con todas estas herramientas a la hora de afrontar la inversión en bolsa, cambiamos totalmente la base de nuestro proceder y podemos trabajar tal y como hacen los grandes fondos de inversión, tomando decisiones fundamentadas y racionales, y creando estrategias de inversión testadas y adaptadas a nuestras necesidades y objetivos, algo absolutamente fuera del alcance del inversor medio hace tan solo unos años.