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Transformación digital …, ¿pero de qué estamos hablando?

Transformación digital

El mantra actual en las empresas es “Hay que digitalizarse”. Y cuando pregunto: “¿Y eso qué quiere decir, concretamente?”, obtengo respuestas vagas. Es normal, porque es lo que ocurre con todos los mantras: los incorporamos irreflexivamente en nuestro vocabulario.

La Digitalización o Transformación Digital significa cosas diferentes para cada cual y para cada empresa. Y así debe ser, porque la digitalización, o es contextualizada o no es.

Tuve la fortuna de liderar una de las mayores transformaciones digitales en Europa en lo que llevamos de siglo, y en este artículo quiero compartir parte de lo que aprendí en aquella aventura y en otras que vinieron después.

¿Es la transformación digital la cuarta revolución industrial?

Se habla de la Transformación Digital como de la cuarta revolución industrial. Recordemos cuáles son las revoluciones industriales, es decir, aquellas que han tenido un impacto en la economía y en la sociedad a través de la modificación de los medios de producción y del consumo:

– Primera: la del vapor, a finales del s. XVIII. Modificó todos los aspectos de la vida cotidiana, de una u otra manera. Su aplicación tardaría medio siglo en llegar, hacia el 1850 aproximadamente. Las máquinas en el campo y en la ciudad favorecieron el aumento de la producción agrícola y la industrial, a la vez que disminuían los tiempos de producción. Es decir, se generaba más cantidad de producto por unidad de tiempo, y eso permitió abaratar los precios y por tanto que más personas tuvieran acceso a los productos. Se fraguó en Gran Bretaña, que se convirtió en la primera potencia mundial.

– Segunda: la introducción de las fuentes de energía como el gas, el petróleo y electricidad en los medios de producción, a finales de s. XIX. Dio lugar al descubrimiento de nuevos materiales (acero, zinc, aluminio…), productos químicos (sosa, fertilizantes…), creación de los nuevos medios de transporte (avión y automóvil) y de comunicación (telégrafo, teléfono y la radio). Generó la primera gran globalización porque los costes de transporte se abarataron, tanto para mercancías como para personas. El paradigma de esta segunda revolución industrial es Henry Ford con la industria automovilística. Surgió, además de en Gran Bretaña, en Alemania, Estados Unidos y Japón. Dio origen al Imperialismo, es decir, a la soberanía informal de un país sobre otros en base a su fuerza económica.

– Tercera: la de la computación y las energías renovables. Surgió a mediados del s. XX. Las empresas y los hogares se informatizan. Los procesos de trabajo se agilizan y simplifican a través del software. El paradigma es Silicon Valley como modelo de los cambios tecnológicos.

– Cuarta: teóricamente estamos inmersos ahora en ella. Es la revolución de la robotización de los procesos productivos, en sentido amplio (una nevera que sabe cuándo te faltan yogures también es un robot; un móvil que te avisa de en qué momento del día es mejor poner la lavadora es un robot, etc.). Se diferencia de las anteriores en que no aparece una nueva tecnología sino un uso diferente de las tecnologías ya existentes. De ahí mi duda sobre si es una fase de la tercera o una nueva. En estos tiempos padecemos un ansia por vivir revoluciones y acontecimientos extraordinarios en nuestro ciclo de vida, para sentirnos más relevantes en el universo. Dejemos que los historiadores, cuando haya un poco más de perspectiva temporal, se pronuncien.

Todas estas revoluciones industriales tienen los siguientes factores en común:

– Todas irrumpen gracias a transformaciones tecnológicas.

– A todas les aplica el darwinismo tecnológico: quien no se adapta, desaparece.

– En todas ellas interviene la cultura anglosajona, quizá debido a su capacidad de pensamiento lateral, encontrando conexiones donde a los demás nos cuesta verlas.

– Todas incrementan la riqueza, es decir, el PIB per cápita.

– Todas representaron grandes transformaciones sociales, que fueron demonizadas al comienzo. Sin embargo, una vez inmersos en ellas nadie quiere volver atrás.

Se dice que esta cuarta revolución industrial va a destruir riqueza. Lo mismo se ha dicho históricamente en cada una de ellas, ocurriendo justamente lo contrario: siempre han aportado mayores cotas de bienestar y aumento progresivo de las clases medias. A pesar del lema en el mercado de inversión de que “rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras”, creo que esta cuarta va a ser igual que las demás, y por tanto incrementará la riqueza y el bienestar. Entre otras cosas así lo creo porque si fuera cierto que la gente se va a quedar sin trabajo por millones, ¿quién comprará los productos y servicios de las empresas? Habrá una solución aunque ahora no sepamos verla, estoy convencido de ello.

¿Cómo abordar la transformación digital?

Ante todo, olvídate de embarcar a tu empresa en una ampulosa revolución tecnológica para estar acorde con los tiempos. Dejemos las ampulosidades para la macroeconomía. Abórdalo como un proceso de mejora en tu empresa. No será hasta pasado el tiempo que tomarás conciencia de si realmente hiciste algo muy grande y revolucionario, o simplemente mediano o pequeño. No importa la magnitud: habrás mejorado como empresa, que es lo que cuenta.

En base a mi experiencia de años implantando transformaciones tecnológicas, veo 2 elementos que las generan, en función de si estamos pensando en clave interna (nuestra empresa) o en clave externa (nuestro cliente):

1. La transformación digital en la empresa comenzó a finales de los años 80 del siglo pasado, si bien tenía unas características diferentes de la que estamos acometiendo hoy. En aquel tiempo se implementaba agilidad, es decir, mejora de los procesos internos de la empresa, del lead-time o del time-to-market, y también mejora en la obtención de conclusiones a partir de los datos. Es decir, tiempo para la empresa.

2. En la transformación digital actual, lo que predomina es la implementación de nuevas experiencias para el consumidor, ya sean a través de nuevas formas de compra (compras online…), de nuevos modelos de negocio (Wallapop…), o de nuevas intermediaciones (la forma en que contratamos los viajes…). En definitva, nuevas experiencias para que el consumidor gane en autonomía. Es decir, tiempo para el cliente.

Volvamos al punto inicial. ¿Qué es Transformación Digital? No se trata de empezar a robotizar o digitalizar o comprar software y contratar ingenieros informáticos a toda costa. Depende de cada empresa, y podemos reducirlo a 2 escenarios:

– Si en tu empresa todavía no abordaste el primer tipo, es decir, el de agilidad interna, no te vuelques en él necesariamente. Analiza si las medidas de agilidad tendrán mayor retorno que medidas de nuevas experiencias para el cliente. Comienza por la que resuelva el problema más importante para tu cliente, no para tu empresa ni para ti.

– Si ya hace tiempo que abordaste el primer tipo, es decir, si ya tienes los sistemas internos de la empresa con alto nivel de agilidad tanto en tiempo como en obtención de información, céntrate en la búsqueda de nuevas experiencias para tu cliente. A veces puede ser tan tonto como que tu centralita automática no sea una tortura para tus clientes. No te lances a implementar muchas acciones: céntrate en pocos problemas pero muy importantes. Comienza por el que mayor retorno de la inversión tenga, es decir, por aquel que represente una diferencia competitiva para tu empresa que incrementará tus ventas en el corto/medio plazo. Piensa que los tiempos de los cambios informáticos acostumbran a ser los mismos tanto para un proyecto con mucho retorno como con poco. Elige bien.

Y, para finalizar, unas recomendaciones generales:

– Comienza por aquellas transformaciones que aporten una solución diferencial e importante, no para ti, sino para tu cliente.

– Céntrate en pocos problemas pero importantes.

– Contrata a los expertos de verdad. No pretendas que tu departamento de sistemas de información se transforme de la noche a la mañana en experto en todo tipo de tecnologías. Valora dos elementos: por una parte, conocimientos de la tecnología que quieres implementar; por otra, cultura del cambio disruptivo. Si te falla alguno de los dos en tu departamento de sistemas, busca fuera. Los que contrates de fuera ayudarán a ir capacitando a los de dentro.

– Falla rápido y barato. No esperes 6 meses a comprobar si una solución funciona. Si no funciona, te vas a frustrar y tu equipo también. Ve haciendo implementaciones parciales para verificar que todo va yendo según lo esperado. Si no puedes hacer las pruebas con clientes, hazlas con un colectivo de trabajadores de tu empresa. Observar que se va por el buen camino –o rectificar rápido si surgen problemas– no es solo un factor de competitividad sino también de motivación para los equipos de trabajo.

Te deseo lo mejor.

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Daniel Sánchez Reina
Socio-Director en E2 Eficiencia Empresarial