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El Gran Recapte contra el hambre

A la labor permanente del Banc dels Aliments, se suma la colaboración activa de personas y empresas en la lucha contra el hambre y el desperdicio de alimentos.

El Gran Recapte contra el hambre

En 2017, la escasez de alimentos sigue siendo el mayor problema en la vida de muchas personas y uno de los principales retos que afronta la sociedad. Se trata de una crisis global pero también local, puesto que en la Cataluña moderna se calcula que un 23% de la población vive en situación de pobreza. Las consecuencias afectan especialmente a los niños: en su caso, el riesgo de pobreza se dispara hasta afectar a un alarmante 27%. Es una batalla que requiere la implicación de toda la sociedad y en la cual el sector de la alimentación y la distribución, de la mano de diversas entidades benéficas, está presente. Las iniciativas de recogida de alimentos como el Gran Recapte d’Aliments a Catalunya’ del 1 y 2 de diciembre son cruciales en los esfuerzos para paliar esta situación, aunque, según los organizadores, insuficientes. Por un lado, por la falta de recursos, y por otro, porque también creen imprescindible atacar la raíz del problema: la distribución desigual de los alimentos en la sociedad y su derroche.

En 2012, ya se producía en el mundo la cantidad de comida necesaria para abastecer a 10.000 millones de personas, es decir, casi un tercio más que la población actual. Sin embargo, según las Naciones Unidas, 795 millones de personas pasan hambre —cifra que podría crecer hasta alcanzar los 2.000 millones en 2050— y 22 países de alrededor del mundo han pasado este último año sumidos en una situación de repetidas crisis alimentarias o de extrema escasez.

Contra el desperdicio alimentario

Si producimos suficiente comida para alimentar a toda la humanidad, ¿por qué tanta gente pasa hambre? En primer lugar, si la escasez no es el problema, seguramente sí lo son la pobreza y la desigualdad. Pero, además, también interviene el desperdicio alimentario. Porque gran parte de los alimentos producidos, simplemente, terminan en el contenedor. Se pierde producto en los campos, en los almacenes, en el proceso de embalaje y de distribución, una vez en el supermercado y, finalmente, en las neveras.

Un estudio de 2016 reveló que la mitad de los alimentos producidos en los EEUU terminaban desechándose, provocando un grave impacto en el medio ambiente y condenando a personas a pasar hambre. Una de las causas más significativas que se identificaron fue la “obsesión” con unos estándares estéticos demasiado exigentes con respecto a las frutas y verduras. En el caso de España, se estima que entre un 30 y 50% de los comestibles acaban en la basura. En este sentido, la implicación de supermercados y empresas de producción y distribución de alimentos puede ser clave para dar un giro a esta situación. Muchas de estas empresas participan de manera activa en numerosos proyectos e iniciativas, tanto en el frente de reducir el desperdicio como en ayudar a los más necesitados a paliar el hambre.

El papel de los bancos de alimentos

Una de las más llamativas, y en la que se encuentran ambos frentes, es precisamente el Gran Recapte d’Aliments, la gran campaña de recogida de alimentos básicos que es llevada a cabo cada año simultáneamente por los cuatro bancos de alimentos de Cataluña en cada provincia. Estos bancos son gestionados por una fundación privada benéfica, independiente de intereses económicos, políticos y religiosos y sin ánimo de lucro con el objetivo de garantizar, según Eduard Arruga, presidente de la Fundació Banc dels Aliments, “uno de los derechos fundamentales y una de las necesidades básicas del ser humano: conseguir dignamente una alimentación suficiente, segura y saludable.”

En 2016, el Gran Recapte consiguió reunir 4,4 millones de alimentos básicos en toda Cataluña en una campaña masiva en la que participaron 17.500 voluntarios en los puntos de recogida y 6.215 en la fase de clasificación. En el conjunto del año, el Banc dels Aliments de Barcelona respondió a las necesidades de una media de 137.156 personas por semana a las que distribuyó 18 millones de kilogramos de comida. No obstante, en el banco lo consideran insuficiente porque, si bien cada año reciben más alimentos procedentes de donaciones, calculan que con la cantidad que proporcionan solo pueden satisfacer el 27% de las necesidades nutritivas de las personas que reciben su apoyo. Ciertos alimentos, como las legumbres, el tomate frito y las galletas, suelen estar cubiertos ya que el banco tiene suficiente cantidad para abastecer la demanda, pero de muchos otros (desde la leche hasta el pan y la carne) no hubo suficientes suministros a lo largo de 2016.

Según los datos del banco, un 23% de los comestibles recibidos provienen de la Unión Europea, a través del Fondo de Ayuda Europea para los Más Necesitados (FEAD). Otro 29% lo aportan las donaciones, incluyendo el Gran Recapte. Sin embargo, un impresionante 48% proviene de esfuerzos de recuperación de alimentos. En este punto es donde interviene la industria alimentaria con proyectos que consiguen reducir el desperdicio de alimentos y a la vez redistribuirlos hacia las personas más necesitadas.

El papel de las empresas de distribución

La compañía valenciana de distribución Mercadona, que colabora con unas 120 entidades benéficas, entre ellas los bancos de alimentos, es un ejemplo de empresa que participa en el proceso de recuperación de comestibles, con un estricto programa de minimización del desperdicio alimentario. Este consiste en eliminar el filtro estético en la fruta, adaptar los pedidos a las ventas para evitar acumular productos y perderlos, ajustar los precios en función del stock (si este se acumula, baja el precio para acelerar la venta), no ofrecer promociones del tipo 2×1 para no incentivar al consumidor a almacenar de más, donar los productos no aptos para la comercialización pero sí para el consumo y, finalmente, ceder los residuos (de los alimentos que a pesar de todo caducan) para generar abono, energía y pienso.

La compañía también participa en el ‘Gran Recapte’ colaborando de manera estrecha con los bancos de alimentos que lo organizan. Cada año hace una donación de productos de primera necesidad; en esta edición de la recogida ha donado expresamente 90.000 litros de leche. Además, también ha puesto a disposición de la organización 250 tiendas —prácticamente la totalidad de las que opera la cadena en Cataluña—, que han actuado como puntos de recogida.

Otra área de colaboración con la campaña es la cesión por parte de la empresa de su estructura logística para facilitar el almacenaje y la distribución de los alimentos donados. En este sentido, destaca la llamada logística inversa en estas operaciones. Con una política de mantener los camiones siempre llenos, cuando estos llegan a las tiendas no regresan vacíos, sino que suelen cargar los residuos para el reciclaje. Pero durante el ‘Recapte’, lo que cargaron fue los comestibles donados, que llevaron a los centros logísticos que la compañía tiene en Abrera y en Sant Sadurní. Allí se almacenan y posteriormente se distribuyen a las destinaciones requeridas por los bancos de alimentos.

Se trata de un despliegue logístico excepcional que Mercadona organiza durante el Gran Recapte, pero durante el resto del año también sigue colaborando con los bancos y entidades benéficas, también a nivel logístico. Vehículos de la empresa abastecen diariamente a comedores sociales con alimentos frescos. Este proceso está informatizado para favorecer la máxima eficiencia a la hora de proporcionar los alimentos que en ese momento necesitan las entidades. Además, en la empresa defienden este proyecto como el único entre las cadenas de distribución que, además de donar alimentos a este tipo de organizaciones, se los lleva a su destino mediante su propia estructura logística. A lo largo del año, las donaciones de la compañía ascienden a más de 1,5 millones de kilogramos de alimentos.

Embutidos Monter, proveedor de Mercadona, también participa en el Gran Recapte y, en total, cada año dona más de 10.000 kilogramos de comida a más de 30 asociaciones de su entorno local, como la Cruz Roja o Cáritas. De manera similar a Mercadona, también mantiene un programa de donación periódica a estas entidades. Estas acciones se enmarcan en un proyecto de responsabilidad social corporativa (RSC) que también incluye iniciativas a nivel medioambiental y de inclusión laboral para personas en riesgo de exclusión social.

Otro ejemplo de corporación del sector que ha colaborado con el Gran Recapte es Danone. Lo hace a través de donaciones de sus productos y también promoviendo el voluntariado entre sus empleados. De hecho, la empresa colabora con la Fundació Banc dels Aliments desde su creación hace 30 años y mantiene un programa de voluntariado corporativo que incluye recogidas de alimentos pero también consultoría solidaria. Esto forma parte de una cultura corporativa en la que se entiende la empresa desde un “doble proyecto económico y social”, porque, según el presidente de Danone Emmanuel Faber, “cada vez que compramos, estamos votando por el mundo en el que queremos vivir.” Por su parte, Laia Mas, responsable de Desarrollo Sostenible de Danone, asegura que en la compañía creen “firmemente” que no puede haber desarrollo económico sin desarrollo social, ni desarrollo social sin desarrollo económico.

La empresa también tiene como prioridad minimizar el desperdicio de alimentos, que consideran que tiene un alto impacto social y medioambiental. En este sentido, se han fijado el objetivo de reducir en un 50% los residuos de alimentos generados en operaciones de producción y distribución. Además, en el marco del programa ‘Retos de innovación de alto impacto social’ (de Carrefour y la Universidad Autónoma de Madrid), Danone va a impulsar un estudio sobre el ciclo de vida del yogur en casa del consumidor, ya que lo consideran una información estratégica de cara a futuras iniciativas de sensibilización.

La sociedad está lejos de vencer el desafío del hambre. Pero, aunque queda mucho camino por recorrer, son numerosas las iniciativas impulsadas desde diferentes ámbitos para combatirla. Además, cada vez es mayor, en muchos aspectos, la implicación de la gente en estos proyectos y, en definitiva, en el largo camino hacia la derrota de la pobreza alimentaria.

Víctor Recacha

Estudiante de International Business Economics (Universitat Pompeu Fabra). Colaborador de Pompeunomics.