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Las economías árabes del Golfo

El Golfo, que cobija fabulosas reservas energéticas de petróleo y gas, es una de las zonas más conflictivas del mundo. Una combinación de riqueza y pobreza extremas conviven en este territorio en el que la religión juega un peligroso papel desestabilizante.

Las economías árabes del Golfo

El Golfo Arábigo o Pérsico es el centro de un gran juego de intervenciones e influencias políticas y económicas de Estados Unidos, Rusia, Turquía, Arabia Saudita, Irán e Israel. Y afectan a los intereses comerciales y las necesidades energéticas de la Unión Europea, China, India, Japón y otros países de Asia-Pacífico. La región, que sufre un recrudecimiento del viejo conflicto sunita-chiita que alcanzó su zenit con la violenta irrupción del Estado Islámico, seguirá siendo altamente inestable: desde un Irak sumido en una profunda división interna y convertido, con una mayoría chiita en el Gobierno, en un aliado de un Irán que reemerge como potencia en Oriente medio, hasta Afganistán, un estado fallido con los talibanes prestos a recuperar el poder. Persiste la incapacidad para resolver unos conflictos internos también alimentados por las potencias extranjeras que impiden alcanzar un marco de paz y estabilidad.

El último giro diplomático de la Administración Trump, confirmado durante su visita oficial el 20 de mayo a Riad, cierra la anterior apuesta geoestratégica de Barack Obama por haber apoyado el 14 de julio de 2015 un Acuerdo con Irán sobre su programa nuclear. EEUU vuelve a su histórica alianza con Arabia Saudita, el país líder musulmán sunita. Donald Trump reforzó el rearme militar saudí con un contrato de venta de armas de más de 100.000 millones de dólares beneficioso para la industria armamentística estadounidense mientras olvida las responsabilidades directas, ideológicas y financieras, de los saudíes y de sus aliados en el Golfo en la propagación y financiación del terrorismo islamista en Oriente medio, el norte de África y Europa. Washington también considera el expansionismo iraní en Siria y Líbano como una amenaza directa para Israel. Trump refuerza a la monarquía saudí y apunta contra Irán, precisamente al día siguiente de que una mayoría de los iraníes (57%) participasen en una contienda electoral que renovaba el mandato del reformista Hassan Rouhani como primer ministro persa. Y Rusia ha llenado parte del vacío político dejado en los últimos años por EEUU.

El consejo de cooperación del golfo en crisis

El 5 de junio, Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Bahréin rompieron las relaciones diplomáticas y económicas con Qatar. No le secundaron Kuwait y Omán. Cerraron su espacio aéreo y marítimo y la única frontera terrestre de la pequeña península qatarí. Una grave crisis que ha sacudido las relaciones de confianza entre las seis monarquías árabes que conforman el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG). Una alianza regional constituida en 1981, dos años después de la creación de la República Islámica de Irán, para estrechar los nexos entre países que representan el 70% del PIB árabe, cobijan enormes recursos energéticos y financieros pero se sienten vulnerables ante Irán y otros países vecinos debido a su débil demografía. El CCG es la única organización de cooperación intergubernamental árabe que había demostrado una cierta eficacia, si bien fracasó en sus intentos de lograr una mayor integración política y económica. Sin embargo, una unión aduanera acordada en 2003 y un mercado común cinco años después impulsaron la interdependencia económica.

Pero las discrepancias internas provocadas por los enfrentamientos personales entre las familias reinantes han desatado una profunda crisis política. Riad considera la península arábiga como su área natural de influencia, lo que es contestado por Qatar y Omán y en parte por Kuwait. También preocupa el creciente intervencionismo político y militar de los EAU. Pero ha sido el diverso posicionamiento ante Irán lo que dividió el CCG. El cambio de generación y de cultura política de algunos dirigentes árabes, entre los que se encuentran los príncipes herederos de Arabia Saudita y los EAU, impulsó una línea dura respecto a Irán que no es compartida por Qatar. Por su parte, Kuwait y Omán juegan, sin éxito, la carta de la mediación con apoyo internacional. La crisis del CCG favorece significadamente al Irán chiita que resurge como una sólida potencia regional que sabe canalizar sus tensiones internas mediante un marco democrático que, aunque limitado e imperfecto, no existe en las monarquías wahabitas vecinas.

Este clima de tensión perjudica, en mayor o menor medida, a las economías y a la imagen internacional de las monarquías árabes del Golfo, precisamente cuando anunciaban procesos de reforma y modernización económica. La UE fue el primer socio comercial del CCG en 2015, representando el 16,6% del total, seguido por China (14,9%), India (9,4%) y Japón (8,6%).

Arabia Saudita, unas reformas aún inciertas

El 21 de junio, el rey Salman de 82 años, nombró a Mohammed Ben Salman (MBS), de 31 años, como nuevo príncipe heredero y sucesor al trono saudí. El joven príncipe ya acumulaba mucho poder como ministro de defensa y como el artífice del ambicioso programa de reformas económicas “Visión 2030” lanzado en abril de 2016. Es un político duro, ahora apoyado por EEUU e Israel, que acusa a Irán de pretender liderar el mundo musulmán con su creciente influencia en Irak, Siria y Líbano y en otros países con población chiita como es el caso de Bahréin. En 2015, MBS propugnó intervenir militarmente en Yemen donde se desarrolla una costosa y devastadora guerra contra los rebeldes Huthi, apoyados por Teherán.

En política interior, MBS se presenta como un reformista que pretende corregir la excesiva dependencia de la economía y de las finanzas saudíes de las exportaciones y las rentas petroleras. Se inspira en el modelo promovido por su vecino y amigo, el jeque Mohamed Bin Zayed, príncipe heredero de Abu Dhabi y hombre fuerte de los EAU. El plan “Visión 2030” quiere cortar o reducir las subvenciones, instaurar el IVA para los productos de consumo, diversificar la economía, favorecer el sector privado y las inversiones extranjeras para crear más empleo e incrementar unos ingresos no petroleros que corrijan los crecientes déficits provocados por la caída del precio del oro negro a partir de 2014. El PIB saudí, tras crecer un 4,1% en 2015, solo lo hará un 0,1% en 2017.

Dos tercios de los saudíes siguen trabajando en el sector público mientras que el privado precisa contratar a los expatriados, mejor formados, productivos y motivados. La cuestión de fondo es saber si las anunciadas reformas estructurales, incluyendo el anquilosado sistema educativo, son posibles en una sociedad tan cerrada y aferrada al rigor religioso wahabita. Hoy, el 70% de los jóvenes saudíes tienen menos de 30 años y desean vivir en una sociedad más libre, dinámica y abierta al exterior, donde las mujeres también puedan asumir un rol activo. El rey Salman podría pronto abdicar en favor de MBS abriéndose un reinado que será largo y con tiempo para llevar a cabo una profunda reforma de la sociedad y la economía para situarlas en el siglo XXI. En caso contrario, el régimen saudí colapsará.

Qatar resiste por ahora el bloqueo

El bloqueo decretado por Arabia Saudita y apoyado por EAU, Bahréin, Egipto, Yemen y Maldivas, sigue vigente. Doha sostiene una política exterior autónoma, no secunda la línea dura contra Irán con quien mantiene relaciones comerciales y comparte el inmenso campo de yacimientos de gas de “South Pars” en las aguas del Golfo. Por razones históricas y geográficas, qataríes e iraníes siempre han hecho negocios.

Arabia Saudita mantiene a cal y canto la única frontera terrestre por donde circulaban el 40% de las importaciones qataríes no energéticas, incluyendo alimentos y otros productos básicos, que ahora resultan encarecidos. El cierre del espacio aéreo afecta a Qatar Airways y al turismo procedente de los países del CCG. Qatar es el mayor exportador mundial de gas natural pero importa crudo. El comercio cayó un 40% en junio pero se recuperó a medida que las empresas y residentes a buscar otras fuentes de abastecimiento alternativo en Irán, Turquía, Omán, Marruecos, Pakistán y otros países vecinos. Hasta ahora, las inversiones internacionales se han visto poco perjudicadas por el bloqueo y las obras del Mundial de futbol 2022 prosiguen con normalidad. El país contaba con unas elevadas reservas de divisas (250% del PIB) para afrontar el bloqueo, sin olvidar los enormes fondos soberanos de Qatar Investment Authority (QIA) con estratégicas inversiones en todo el mundo. Sin embargo, el Gobierno tuvo que inyectar en junio y julio 38.500 millones de dólares (23% del PIB) de sus 340.000 millones de sus reservas en la economía para frenar el impacto del embargo, en especial la salida de capitales privados. Qatar aguanta pero, a medio o largo plazo, todo podría complicarse. La agencia Moody’s advierte que si el bloqueo se alarga, los costes financieros, económicos y sociales se incrementarán.

El bloqueo no beneficia a ningún país árabe del CCG pero parece enquistarse sin que se divise hasta hoy una solución pactada. Qatar no cederá ante unas exorbitantes exigencias saudíes que intentan condicionar su soberanía. Y respondió incrementando un 30% la producción de gas y acelerará la explotación del yacimiento de gas que comparte con Irán, que a su vez negocia la firma de un acuerdo con la francesa Total. Y tomará un carrusel de mediadas de mayor apertura al exterior: mayor liberalización de las inversiones extranjeras y mejora de las condiciones de los extranjeros residentes en el país. La posición de EEUU, que tiene en Qatar su mayor base militar en Oriente medio, es contradictoria. Washington apoya a Riad pero también vendió 37 cazas F-35 a Qatar por valor de 10.700 millones de dólares. Muy en la línea “business first” propugnada por Trump. EEUU no depende de los recursos energéticos del Golfo. No es el caso de Europa, donde el 55% del gas que consume llega de Qatar. La llave maestra para mediar y resolver la crisis del CCG la tiene Trump.

Los EAU ambicionan mayor poder político en la región

Los EAU es una federación de siete emiratos liderada por Abu Dhabi y Dubái. El primero es el mayor y más poblado, aglutina el mayor poder financiero y económico y cobija el 90% de las reservas energéticas de la federación. La capital es modernísima, sede de grandes multinacionales e infraestructuras turísticas y culturales como el Louvre recién inaugurado el 6 de septiembre. Ahora, el emir de Abu Dhabi también ambiciona un mayor poder político sumando esfuerzos codo a codo con los saudíes para frenar las ambiciones de Qatar. Pero en Doha se quejan, con razón, que en Abu Dhabi y Dubái residen 400.000 residentes iraníes y que EAU también ha sido un importante socio comercial de Irán.

Dubái, sin apenas petróleo, se vendió mejor al exterior. Se posicionó como un atractivo y cosmopolita centro de servicios del Golfo basado en el sector inmobiliario, el turismo y la logística de transportes. Muchas voces críticas consideran que la economía de Dubái es tan artificial como las delirantes operaciones urbanísticas, “The World”, construidas sobre terrenos ganados al mar y presume de tener la torre Burj Kalifa con 828 metros de altura inaugurada en 2010. Cuenta con unas grandes infraestructuras de transporte y logística: el mayor puerto de contenedores de la región, un impresionante aeropuerto, etc. Tiene una población de más de dos millones de habitantes, el 80% son extranjeros que trabajan en el sector servicios. Destaca la influyente diáspora iraní dedicada al comercio. Dubái es un importante destino de los inversores iraníes, un puente para exportar sus productos sorteando las sanciones internacionales impuestas a Teherán. En 2009, Dubái sufrió una grave crisis financiera que sacudió las bolsas mundiales y cuestionó el paradisíaco modelo dubaití. Estalló la burbuja inmobiliaria alimentada pero pudo afrontar sus problemas de liquidez gracias a la rápida intervención del vecino Abu Dhabi, recuperando la confianza de los mercados para refinanciar su deuda. Hoy, Dubái sufre las consecuencias del boicot económico a Qatar, un gran inversor y el principal cliente del puerto Jebel Ali. Además, depende de las importaciones de gas procedente de Qatar.

Omán, Kuwait y Bahréin

Los puertos de Omán han incrementado el tráfico internacional de contenedores convirtiéndose en una puerta de entrada alternativa para las importaciones cataríes, tras cerrarse la conexión por Dubái. El Sultanato sale beneficiado por el boicot decretado por Arabia saudita y observa la llegada de inversores qataríes a Mascate. El país siempre mantuvo buenas relaciones de vecindad con Irán y juega la carta de mediador entre ambos lados del Golfo. Confía que la crisis dentro del CCG y las conflictivas relaciones árabes-presas no vayan a peor. Omaníes e iraníes han sido tradicionalmente buenos socios comerciales. Omán también recibe, debido a su posición estratégica a las puertas del Golfo, crecientes inversiones de China y de otros países asiáticos que le ayudan a mejorar un déficit presupuestario que obligó a pedir ayuda financiera al FMI. El nuevo plan de reformas “Visión 2040” propone corregir la dependencia del sector energético que supone el 40% de los ingresos, crear una base industrial para dar empleo para la joven población del país.

Kuwait tampoco se sumó al frente contra Qatar por sus dificultades internas para mantener los equilibrios políticos en un país con una importante e influyente población chiita. Bahréin es el enfermo del Golfo. Cuando estallaron las primaveras árabes en 2011, la mayoría de la población chiita se rebeló contra el emir Al-Khalifa y las élites sunitas que controlan férreamente el país. Hoy, es casi un protectorado que depende política y económicamente de Arabia Saudita.

El mundo árabe puede explosionar política y socialmente

Según el último Informe sobre el Desarrollo Humano del Mundo Árabe publicado por el PNUD, dos tercios de la población árabe tiene menos de 30 años y la mitad entre 15 y 29 años. Es el grupo humano con mayor índice de desempleo del mundo siendo las mujeres las que tienen las peores perspectivas de conseguir empleo. En los próximos años urge crear millones de nuevos puestos de trabajo para la población joven que buscan empleo por primera vez. Las economías árabes no generan suficiente empleo porque sus deficientes sistemas educativos no ofrecen el conocimiento y las capacidades adecuadas para responder a los retos del mundo actual. Los conflictos armados, que afectan a 11 de los 22 países de la región, tiene un efecto devastador sobre millones de jóvenes, cada vez más desesperados ante las barreras que les impiden participar políticamente y canalizar sus deseos de cambio y mejoras económicas y sociales. Las frustradas primaveras árabes quedaron atrás. Los regímenes depredadores y corruptos siguen beneficiando a unos pocos mientras asfixian las esperanzas de futuro de la mayoría de los ciudadanos.

La región cobija unas fabulosas reservas energéticas de petróleo y gas, la mayor parte en manos de unas monarquías autocráticas, conservadoras y extremadamente ricas situadas en medio de una vasta zona que, desde el norte de África hasta Asia central y del sur, pasando por Egipto y el continente indio, concentra una creciente población joven, la mayoría sobrevive con unos de los más extremos niveles de pobreza del planeta. Una peligrosa e insostenible situación que, a medio o largo plazo, acabará explosionando y modificará el actual mapa político del Golfo, afectando principalmente a unas dinastías familiares wahabitas de la península arábiga, cada vez más armadas, que siguen atrapadas ideológicamente en el pasado en pleno siglo XXI.

Jaume Giné Daví

Profesor de la Facultad de Derecho de ESADE