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La transición hacia el coche autónomo

Abertis lidera proyectos para diseñar la infraestructura vial del futuro que permita la coexistencia de vehículos convencionales y vehículos sin conductor.

La transición hacia el coche autónomo

Los accidentes de tráfico son uno de los sucesos que sesgan más vidas en España, dejando a un lado las muertes por causas naturales. No se trata de un hecho exclusivo de nuestro país, sino que es un problema de alcance global: 1.250.000 personas fallecieron en las carreteras en 2014 según el informe anual que elabora la Organización Mundial de la Salud (OMS) acerca de la seguridad vial. Especialmente grave es la situación en los países en vías de desarrollo, que concentran el 90% de siniestros mortales y tan solo la mitad del parque mundial de vehículos.

Según los últimos datos del INE, 1.880 personas perdieron la vida en la carretera en 2015. Son cifras muy elevadas, pero que han mejorado sensiblemente en la última década. En 2005 los accidentes de tráfico se cobraron más de 4.500 vidas y eran la primera causa de defunción no natural, mientras que en 2015 los decesos por este motivo se redujeron a menos de la mitad y representaron el cuarto tipo de muerta externa más habitual.

Diversos estudios apuntan al 2040 como fecha en la que la mayoría de coches podrían ser autónomos. Entretanto, Abertis y Renault ya realizan los primeros test para conseguir que los coches autónomos y las infraestructuras interactúen.

Hay diferentes factores que explican, en parte, este descenso. Uno de ellos es coyuntural, y tiene que ver con el retroceso de la actividad económica que, a su vez, redujo de forma generalizada el tráfico en las carreteras y autopistas. El otro es de carácter más permanente y fruto de la actuación de la Administración. Se trata del gran cambio en el régimen sancionador que supuso la introducción del carnet por puntos de 2006 y que, a la vista de los resultados, ha contribuido a reducir el número de víctimas mortales por accidentes de tráfico.

No cabe duda de que la implantación de normativas de seguridad vial efectivas, como el mencionado carnet por puntos entre otras actuaciones, o el buen mantenimiento de las infraestructuras viarias contribuyen a reducir el número de víctimas en la carretera. No obstante, la conducción lleva implícito un riesgo inherente asociado al factor humano muy difícil de eliminar. Por este motivo, parece improbable que, a día de hoy, pueda rebajarse el mínimo de víctimas mortales que se alcanzó en España en 2013 (1.807 víctimas) y que se ha mantenido estancado en los años posteriores.

Coche autónomo y seguridad

En este sentido, la aparición del coche autónomo puede suponer un punto de inflexión y una reducción drástica del número de accidentes en las carreteras. Si bien los vehículos que no precisan de conductor permitirán otros avances importantes –como liberar las horas “muertas” en la carretera para llevar a cabo otras tareas más productivas o hacer más eficiente el transporte de mercancías– la principal ventaja debería ser el incremento en la seguridad vial.

Esta perspectiva de cambio ha propiciado que la mayoría de grandes empresas –tanto del sector automovilístico como las grandes tecnológicas de Silicon Valley– se lancen a desarrollar su propio modelo de coche autónomo. Los dos mayores fabricantes de automóviles, Volkswagen y Toyota, ya han presentado sus primeros prototipos –todavía en una fase de desarrollo incipiente– como son el Sedric (Self-Driving Car) y el software Urban Teammate, respectivamente. Por otra parte, las multinacionales tecnológicas estadounidenses ya llevan tiempo realizando pruebas piloto. Es el caso de los taxis sin conductor de Google en Arizona o los vehículos autónomos de Uber en San Francisco, entre otros muchos ejemplos.

No obstante, un elemento que se suele soslayar cuando se habla del coche autónomo es la adaptación de las infraestructuras. Un cambio tan disruptivo en la movilidad requerirá, a la fuerza, un acondicionamiento de las vías urbanas e interurbanas. Diversos estudios apuntan al 2040 como una fecha orientativa en la que la mayoría de coches podrían ser autónomos. Sin embargo, hasta que llegue este momento, se producirá una transición progresiva que afectará tanto a los propios vehículos como a las infraestructuras por las que se desplazan.

Adecuación de las infraestructuras

Abertis está jugando un papel importante en este período de transición debido a su rol de operador de infraestructuras de referencia internacional. La compañía presidida por Salvador Alemany, a través de su filial Autopistas, participa en el proyecto europeo de I+D INFRAMIX (Road Infrastructure ready for mixed vehicle traffic flows), que cuenta con una subvención de 4,5 millones de euros de la Comisión Europea, para diseñar la infraestructura vial del futuro que permita la coexistencia de vehículos convencionales y autónomos. Se trata de una iniciativa multidisciplinar en la que participan 11 empresas e instituciones europeas, líderes en el sector automovilístico y vial, que trabajarán para compartir y analizar las actividades y expectativas relativas a la preparación de las autopistas para la coexistencia de tráfico mixto.

Tras una primera fase de simulación en laboratorio, comenzarán a llevarse a cabo las primeras pruebas en tramos reales de autopistas de Austria y España. En nuestro país, Autopistas liderará el proyecto, que se centrará en optimizar tres situaciones de tráfico especialmente importantes para la eficiencia y seguridad del mismo: la asignación dinámica de carriles, la circulación en zonas de obra y la gestión de los “cuellos de botella”.

Esta iniciativa europea no es el único proyecto que Abertis está desarrollando en torno al coche autónomo. A través de su filial en Francia, Sanef, y en colaboración con el Grupo Renault, Abertis está realizando los primeros test para conseguir que los coches autónomos y las infraestructuras se comuniquen e interactúen. En una primera prueba en una autopista de Normandía, se ha ensayado la capacidad del vehículo sin conductor de Renault de cruzar un puesto de peaje con resultados satisfactorios.

Más allá de las autopistas y los peajes, otra cuestión clave para la implantación efectiva y eficiente del coche autónomo serán las infraestructuras de telecomunicaciones inalámbricas que permitan el despliegue de la red 5G. La cantidad ingente de información que será necesaria procesar –procedente del entorno, las señales de tráfico, las infraestructuras u otros coches– exigirá de la implementación de esta tecnología que permite conexiones hasta 100 veces más rápidas que el actual 4G.

 

Guillem Tapia

Redacción


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