Mucho se ha hablado en estos días sobre AirBnB, la app que facilita el alquiler de pisos o habitaciones vacacionales entre particulares, y es que la compañía de San Francisco ha conseguido generar respuestas totalmente opuestas tanto entre ciudadanos como entre administraciones.

En un lado se encuentran aquellos que ven en la aplicación una forma lícita de conseguir unos ingresos extra, en el otro aquellos que alertan del impacto que la masificación del turismo puede tener (o está teniendo) sobre la vida cotidiana de los vecinos de cada ciudad.

¿Qué dicen las cifras?

En 2015 AirBnB declaraba contar con 16.000 anuncios en la ciudad de Barcelona, procedentes de 9.200 anfitriones diferentes. El 54% de estos anuncios correspondían a precios enteros, mientras que un 46% lo hacía a habitaciones dentro de un hogar. Desde la compañía se explicaba también que el 78% de las personas que alquilaban un piso entero anunciaban únicamente ese piso (y no otros), un dato que demostraría que las agencias o grandes empresas que alquilan pisos a través de su sistema son minoría. En ese mismo año, un 74% de los anfitriones registrados en la aplicación tuvieron alquilado el piso menos de 90 noches ese años.

El impacto económico que la actividad de AirBnB tuvo sobre Barcelona en ese año rondaba los 500 millones de euros en gasto que, sumados a lo que percibieron los anfitriones, alcanzaban los 740 millones de impacto económico en la ciudad.

Las cifras parecen indicar, pues, que la aplicación supone una alternativa positiva tanto para aquellas familias que necesitan unos ingresos extra para hacer frente a sus gastos como para aquellos negocios de la ciudad que se nutren del turismo.

La realidad, sin embargo, es mucho menos plana, y hoy parece que la proliferación de apartamentos turísticos se convierte en un problema, más que una solución, para vecinos y ciudadanos.

En Barcelona, por ejemplo, es el barrio Gótico el que concentra mayor cantidad de pisos turísticos, donde uno de cada nueve pisos estaban destinados al turismo en 2015. Todo parece indicar que la mayor densidad de pisos turísticos lleva consigo una menor oferta para uso residencial y un aumento del precio por metro cuadrado.

Barceloneta, que también se encuentra entre los barrios con mayor densidad de pisos turísticos, también es uno de los barrios donde más conflicto social se ha generado en torno a la app. El precio del alquiler por metro cuadrado en este barrio se posiciona entre los más caros de la ciudad, según datos de Incasol, pero no solo eso, también es este barrio el que registra una subida más acentuada del alquiler de 2014 a 2015.

Parece, pues, que el problema no está tanto en las cifras globales que maneja la compañía sino en la concentración de pisos en determinadas zonas, una concentración que tiene su efecto en la calidad de vida de las personas que habitan la ciudad de forma habitual. Alquileres más caros, acceso más difícil a la vivienda y cambios en el entorno para adaptarse al consumo turístico son los principales problemas a los que tiene que hacer frente una parte importante del vecindario.