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Relato de la recuperación

Relato de la recuperación

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Todos tenemos ganas de pasar página de esta larga crisis iniciada diez años atrás y centrarnos en un nuevo ciclo que nos depare cosas mejores. Pero hay que saber que esta crisis ha traído consecuencias en nuestra estructura económica que han venido para quedarse.

 

Llegados al ecuador del 2017 y transcurridos casi diez años desde que se iniciara una de las peores tormentas económicas sufridas por la mayoría de los ciudadanos españoles, es un buen momento para preguntarnos qué ha sido de ella, si está por fin superada, y si volverá. Es lógico que nos planteemos estas cuestiones: a nadie le gusta la incertidumbre, un factor de peso a la hora de tomar decisiones, especialmente las de tipo económico.

El ser humano se mueve por dos emociones básicas y fundamentales, intenta evitar el dolor y busca obtener el máximo placer posible. Ahora bien, cuando nuestro cerebro tiene que escoger entre el dolor y el placer, siempre antepone evitar el daño. Y las dos maneras que tenemos de reaccionar ante el dolor son parálisis o lucha: nos guste o no, la mayoría estamos programados así y éste es nuestro proceso de toma de decisiones.

Para los ciudadanos, el principal impacto de la crisis de 2007 fue una alteración de su ritmo económico que les originó dolor. Por ejemplo, cuando vieron que las empresas para las que trabajaban cerraban sus puertas o despedían a un porcentaje determinado de la plantilla, se causó dolor e incertidumbre y en consecuencia parálisis en las decisiones económicas.

Las personas no reflexionaban sobre las causas por las que las empresas tomaban estas drásticas decisiones: recortes en las fuentes de financiación, impagos de grandes clientes o recortes presupuestario de las administraciones. Lo realmente importante para el ciudadano era cómo le afectaba a su economía, pues las familias vieron que de la noche a la mañana:

1. Alguno de sus miembros (si no todos) dejaban de tener trabajo y por consiguiente perdían rentas con las que poder consumir y atender obligaciones ya adquiridas.

2. En muchas ocasiones el nivel de endeudamiento familiar era elevado por las inversiones en vivienda; estas decisiones de inversión estuvieron basadas en grandes expectativas de futuro y fueron realizadas a precios muy elevados. Como consecuencia de la interrupción en la generación de rentas llegó la imposibilidad de poder cumplir con el pago de sus deudas.

3. Quienes no sufrieron directamente ninguno de los puntos anteriores en su hogar, lo vivieron de forma indirecta por proximidad dado el carácter general de la crisis. Todos conocían a algún familiar o algún amigo que estuviera en alguna de las situaciones anteriores; y como consecuencia surgía la pregunta evidente: ¿estamos nosotros en riesgo de que nos suceda lo mismo?

El dolor y la incertidumbre lógicamente provocaron la parálisis económica, ya que: se redujo drásticamente el crédito, disminuyó el consumo, las empresas paralizaron las inversiones, las administraciones reestructuraron su presupuesto, aumentó el desempleo y se multiplicaron las insolvencias y las ejecuciones hipotecarias. En definitiva, disminuyó la actividad económica de forma generalizada entrando en un bucle que parecía infinito, siempre en la misma dirección de destrucción de la actividad económica y minando cada vez más las expectativas de futuro.

Pero tarde o temprano, ante el dolor surge también nuestro instinto de supervivencia y espíritu de lucha: las personas se reinventan y modifican sus valores, hábitos y prioridades; las empresas se reorganizan e idean nuevas formas de ofrecer productos y servicios buscando nuevos mercados y nuevas formas de competir; las administraciones desarrollan políticas encaminadas (acertadamente o no) a favorecer o no perjudicar las iniciativas privadas.

Todo ello lleva (tras un proceso, lento eso sí) a un cambio en la tendencia de destrucción económica y a un inicio de la reactivación, iniciando un nuevo ciclo de recuperación de la actividad económica perdida. Este inicio de la reactivación económica modifica de alguna manera las expectativas de la gente dejando poco a poco atrás la visión del dolor y centrándose cada vez más en la obtención de placer, materializándolo en el incremento del consumo y favoreciendo a su vez dicha reactivación.

Todos tenemos ganas de pasar página de esta larga crisis iniciada diez años atrás y centrarnos en un nuevo ciclo que nos depare cosas mejores. Pero hay que saber que esta crisis ha traído consecuencias en nuestra estructura económica que han venido para quedarse.

Una de las consecuencias es que no podemos volver a pensar cuándo volverá aquello que tuvimos, porque eso nunca volverá, vendrán nuevas cosas mejores o peores, pero seguro que diferentes.

Basándonos en múltiples indicadores, es innegable y objetivo que esta recuperación se está produciendo:

– El nivel de producción de bienes y servicios aumenta. La evolución del crecimiento del PIB pasó de negativa a positiva en el año 2014, y en 2015 y 2016 crecimos a un ritmo superior al 3%, con expectativas de cerrar el 2017 con un incremento similar; las previsiones para el 2018 son algo menores, pero todavía muy positivas.

– La población ocupada ha aumentado en los últimos años después de un largo proceso de continua destrucción de empleo. En la actualidad hay unos 18,5 millones de ocupados en España. La tasa de paro sobre la población activa se sitúa en el 18,8% al cierre del primer trimestre del 2017, habiendo disminuido en más del 3,4% en los últimos dos años.

– Incremento en el número medio de afiliados a la seguridad social computándose más de 18,1 millones al finalizar el primer trimestre de 2017.

– Aumento de la demanda nacional (de la que su componente principal es el consumo privado) superior al 3% durante los dos últimos años.

– Evolución positiva en la balanza por cuenta corriente, debido principalmente al aumento de las exportaciones que en el 2015 crecieron un 4,3% y en el 2016 otro 1,7 %.

– Disminución desde el año 2012 de la prima de riesgo con Alemania, de los tipos de interés que el estado español ha de pagar por sus bonos y un Euribor a un año al -0,11%.

– Nivel de precios en torno al 1,9% en términos interanuales en mayo de 2017 después de una continua deflación hasta agosto del 2016.

– Revalorización del IBEX de más del 14 % en el ejercicio 2017.

 

Más allá de los números

Siendo innegable la realidad de la recuperación económica, considero oportuno poner de relieve cuáles son los pilares en los que se ha basado esta reactivación, aparte del cambio de actitud personal ya mencionado.

Los tipos de interés están en unos niveles excepcionalmente bajos (y de difícil sostenibilidad) debido a la política intervencionista y extremadamente expansiva del BCE, con niveles de intervención al 0%, lo que ha obligado al sector bancario a expandir sus créditos a empresas y consumidores facilitando así el consumo particular y la inversión empresarial. La otra cara de la moneda es que aumenta el riesgo del sector financiero, ya que se compite por ofrecer más crédito del que necesitan el consumidor y el empresario, lo que de nuevo está llevando a no valorar adecuadamente la capacidad de devolución.

Hay que recordar que decisiones de este tipo fueron las que llevaron al colapso del sistema financiero; colapso que, según las últimas estimaciones del Banco de España, podrían suponer un coste a todos los españoles de alrededor de 60.000 millones de euros en ayudas estatales no recuperables a la banca (alrededor de un 6% del PIB).

Gran parte del déficit público generado por la crisis ha sido financiado con un incremento de la deuda pública nacional de más de 750.000 millones, lo que nos sitúa con una deuda pública actual superior a 1,1 billones de euros.

Este endeudamiento hace que España sea mucho más dependiente de la voluntad de los mercados, por lo que se incrementará nuestra vulnerabilidad en el momento en que el BCE deje de intervenir (motivo real por el que la prima de riesgo española está hoy en día baja), con el consiguiente aumento de la carga financiera en los presupuestos generales del estado.

La demanda exterior se ha visto favorecida por el excepcional incremento del turismo nacional ocasionado por los problemas políticos de nuestros países competidores.

Otro de los motivos por los que han aumentado las exportaciones es el incremento de la competitividad de muchas empresas; pero este incremento se ha basado en una disminución de los costes salariales, no en un progreso tecnológico, lo que lleva a una difícil sostenibilidad a largo plazo.

Debido al modelo económico actual, la crisis ha conllevado una enorme asimetría en la distribución de la renta generada, produciendo grandes desigualdades sociales. Más del 50% de la población ha sufrido una pérdida de su nivel de renta de alrededor del 20% con respecto al que disponía antes de iniciar la crisis; contrariamente, el 10% de mayor renta ha obtenido un incremento medio superior al 6%.

El exceso de masa monetaria actual y por consiguiente los bajos tipos de interés están produciendo competencia por la compra de activos de calidad. Estos activos de calidad son aquellos que generan rentas de consumo obligatoria, como por ejemplo alquiler de vivienda, alimentos de primera necesidad o productos energéticos básicos; ello provoca un incremento de inflación de difícil control (con consecuencias en la política monetaria del Banco Central Europeo) y un efecto de exclusión en el acceso a activos tradicionalmente considerados como ahorro para el futuro por parte de una gran mayoría de los españoles, como es la vivienda.

El actual modelo económico y la alta evolución tecnológica producen cada vez más y más extremas desigualdades sociales, aumentando el riesgo de exclusión para una creciente parte de la población que ve mermadas sus posibilidades de acceso al actual mercado de trabajo, cada vez más tecnificado.

Como podemos ver, la recuperación económica en España es algo objetivo e innegable, ahora bien, quizá también nos tengamos que preguntar a partir de ahora cómo afecta esta recuperación a todos y cada uno de los españoles, si en el futuro continuarán dándose las condiciones en las que hemos basado nuestra recuperación, y, en definitiva, si éste es el modelo que queremos para nuestros hijos.

Carlos Gonzalvo

Profesor de EADA Business School


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